En recuerdo de Perico Pérez Aguirre
El 25 de enero de 2001 se inauguró en Porto Alegre la primera edición del Foro Social Mundial. Por la noche estaba con un grupo de uruguayos en el Hotel Conceiçâo, cuando retumbó como un trueno la noticia de la muerte del sacerdote Luis Pérez Aguirre, Perico. No lo podíamos creer. La información sobre el accidente era muy confusa. Poco después se confirmó, dolorosamente.
Ahora, pasados cuatro años, apenas se recuerda a Pérez Aguirre.
Por cierto que merece mucho más: por su acción humanitaria, por su estatura ética y por su dimensión de pensador original que a partir de los problemas de la sociedad uruguaya y de sus sectores más desvalidos proyectaba su reflexión al destino de la humanidad.
Mis recuerdos inciden sobre uno de los aspectos de su multifacética personalidad que ha sido escasamente divulgado. En octubre de 1995 concurrimos con José Luis Massera a un encuentro internacional en París sobre la actualidad del pensamiento de Marx (Actuel Marx), que se desarrolló en La Sorbonne y en la mítica Universidad de Nanterre, París-X. Posteriormente, en 1998, participamos con Grompone y Olesker, también en la capital francesa, en la conmemoración del 150º aniversario del Manifiesto Comunista.
Entre uno y otro acontecimiento, en noviembre de 1996, un grupo de compañeros organizamos en Montevideo un encuentro titulado «Vigencia y renovación del marxismo», inaugurado en el Cabildo y cuyos paneles se efectuaron en la Facultad de Ciencias Sociales. Me correspondió invitar al mismo a Pérez Aguirre, que aceptó de inmediato.
No podía estar aquí ese día (15 de noviembre) por sus obligaciones de carácter internacional, pero prometió hacernos llegar su colaboración. Está publicada en el libro «Marx Hoy», junto a las intervenciones y ponencias de Rodrigo Arocena, Rafael Bayce, Daniel Buquet, Manuel Claps, Guillermo Chifflet, Juan Grompone, Ronald Graside, Ernesto Kroch, León Lev, Ema Massera, José Luis Massera, Pedro Narbondo, Daniel Olesker, Gonzalo Pereira, Renzo Pi, Julio Rodríguez, Enrique Rubio, Graciela Sapriza y Niko Schvarz.
No quiero olvidar a los editores, que fueron Guillermo Israel, Isaura Pagola, Carmen Pereira, Fernando Rama, Dieter Schonebohm, amén del suscrito.
El trabajo de Perico, «Marx después del marxismo: la visión de un cristiano», es de extraordinario interés. Integra una vertiente de uno de los fenómenos ideológicos y políticos más fecundos de nuestros tiempos y que viene de lejos: el diálogo entre marxistas y cristianos. Entra en materia afirmando «el aporte de Marx todavía vigente, con su clarividencia característica» en los siguientes puntos: «a) la creciente extensión de la pobreza en el mundo guarda una relación estructural con la creciente concentración de la riqueza en unos pocos; b) esta relación estructural se enmascara presentando a la pobreza como una fatalidad, una voluntad de Dios que debe aceptarse; c) el sistema capitalista, a nivel mundial, no tiene capacidad sino para enriquecer mucho a unos pocos a costa de empobrecer mucho a los más. Por eso, aunque trata de presentarse como humano, racional y justo, es un sistema inhumano, irracional e injusto; d) mientras no se haya conseguido la liberación de la miseria es prácticamente imposible que la persona crezca en humanidad y en libertad, porque todas las demás liberaciones están condicionadas por ésta; e) los pocos que se benefician del sistema capitalista no están psicológicamente capacitados ni estructuralmente dispuestos para cambiarlo y, por lo tanto, el cambio del sistema sólo podrá llevarse a cabo si se lo proponen quienes son sus víctimas».
Su conclusión es la siguiente: «Expuesto así el ‘análisis marxista’, no sólo se compadece con la realidad actual de manera admirable, sino que coincide con lo que vino a decir mucha gente después de él y que sigue sosteniendo. Además no hay nada en él contra la fe ni contra el dogma cristianos (ver por ejemplo, la Encíclica Populorum Progressio, nos. 26 y 27). Incluso sería fácil encontrar convergencias con el Evangelio.» (Aquí recuerdo las apreciaciones de Arismendi sobre El sermón de la montaña).
Más adelante, encara la posibilidad de que en el mundo de hoy «Marx pueda encontrar asilo en el interior del santuario cristiano», y agrega que «hasta podemos imaginar que en el futuro el cristianismo retome su fuerza utópica preñado de lo mejor del marxismo». Ante el drama actual de la humanidad, piensa que «para que este mundo sobreviva quizás todavía necesitemos de muchas visiones como la de Marx que broten de la miseria experimentada».
La reflexión se eleva luego a la afirmación del humanismo marxista. Dice Pérez Aguirre: «Considero que ‘El Capital’ es una ética… La producción del ‘viejo Marx’ (1868-82) es la crítica ética y humanista del capitalismo.
Marx nunca negó la tradición humanista: lo único que hizo fue combatir sus planteamientos idealistas y darles una base materialista. Por eso llegó a decir que el comunismo era ‘el devenir del humanismo práctico‘». De ahí pasa al planteo de la cuestión en el mundo periférico y a las ideas del Ché Guevara sobre la ética del «hombre nuevo».
A esta altura, percibo que el afán de sintetizar las ideas de Pérez Aguirre me lleva a esquematizarlas y a amputar su profundo contenido. Prefiero entonces recomendar su lectura completa. Podemos facilitar el libro «Marx Hoy», de cuya edición original quedan algunas decenas de ejemplares. Pero no quiero cerrar la nota sin citar la conclusión final del recordado Pérez Aguirre:
«Podremos decir que esta historia, muy a pesar de todos los Fukuyama, no ha terminado todavía. Que el horizonte está abierto y nos atrae. Que Marx, muy a pesar de sus sepultureros, nos sigue brindando sus mejores verdades y goza de buena salud». *
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