El "lobby" del ajuste fiscal

Con menor fuerza pero con singular virulencia, quizás esporádica, ha aparecido el lobby del ajuste fiscal, que trata de que su idea de empobrecer de nuevo a la gente prospere en aras de un objetivo fiscal, para así consolidar el llamado superávit previo en una cifra superior al 3.5% del PBI. Pretenden que prospere tal cosa con el fin de que los organismos multinacionales de crédito se queden tranquilos y sepan que con el esfuerzo y el empobrecimiento de los más, se pagará una deuda que creció y se multiplicó por la presunta política de «salvataje» al sistema financiero que se aplicó durante el 2002 y que se puede caracterizar con la imagen de lanzar agua en un canasto.

Los males económicos provocados por esa demencia clasista, destinada a favorecer a banqueros que, igualmente, no pudieron superar la crisis gigantesca en que se metió al país por años y años de dilapidación, lucro y carencia de una estructura adecuada en el sistema financiero. El mismo quedó inerme ante los coletazos de la crisis. Nunca entendió el gobierno que la situación coyuntural (crisis en la Argentina con retiros masivos de fondos en Uruguay), fue nada más que el detonador de una crisis que se agigantó en el marco de un sistema financiero totalmente dependiente del exterior que, insólitamente, no tenía en carpeta el objetivo natural de apuntalar a la producción y a los productores uruguayos. Un sistema financiero cuyo objetivo esencial eran los negocios «off shore», triangulaciones con las SAFIs, la aceptación sin restricciones de fondos de no residentes que buscaban en las arcas uruguayas el amparo que les evitara hacer frente en su país a las obligaciones fiscales.

Claro, luego del descalabro, vino el desesperado endeudamiento, los miles y miles de millones de dólares que se tiraron como agua a ese canasto, en el que no se pudo siquiera retener algo de humedad.

La magnitud del desplome uruguayo fue atribuida, por los liberales ortodoxos que nos gobernaron, a los vaivenes de la macroeconomía (devaluación brasileña, epidemia de aftosa, crisis argentina y otros males), que por obra del Señor se han convertido en las siete pestes que no dejaron avanzar al país.

No es necesario hablar de las consecuencias sociales que ha tenido este proceso, de quienes han quedado por el camino, de los que perdieron el trabajo y engrosaron los bolsones de pobreza en los que habita una tercera parte de los uruguayos y, de otros, los que salieron del mercado para constituirse en meros sujetos pasivos en una economía deteriorada.

La crisis se instaló y el ministro de Economía del momento, Alberto Bensión, preocupado por el «default» en que pudiera entrar el país dejando de pagar los intereses de la deuda externa, ideó un ajuste fiscal tras otro, verdaderas formas de continuar reduciendo la calidad de vida de los uruguayos. Apoyado además por algunos ideólogos que ahora, de nuevo, se han subido al carro del ajuste fiscal, en una especie de lobby del que no son ajenos   como siempre   los organismos multinacionales de crédito que han planteado lo mismo en las reuniones mantenidas con el gobierno electo.

Se intenta ahora que se recorra de nuevo el peor camino, utilizando para ello un razonamiento tan despistado que asombraría a los propios artífices del neoliberalismo. Propician de nuevo el achicamiento del mercado interno, sin decir nada de sus consecuencias sociales ni de lo que ello significa en las posibilidades de continuar con el crecimiento.

Es evidente   afirmación que podríamos refrendar con trabajos de muchos economistas   que hay una relación directa entre el funcionamiento de la economía y la capacidad de compra de la gente. No se puede hablar de la pequeñez de nuestro mercado interno para justificar otro ajuste fiscal. Hay que ver el problema desde otro punto de vista, entendiendo que las empresas uruguayas para poder sostenerse en pie, deben tener una de sus patas sostenidas firmemente en la venta interna y que su desarrollo no sólo responde a las posibles exportaciones   modo más que vulnerable de crecer – sino también del mercado interno que tiene necesidades propias y su desarrollo coincide siempre con el crecimiento de la economía. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje