El protagonismo de Iván Paulós

Los hechos protagonizados por el general (r) Iván Paulós durante el acto de asunción del nuevo comandante en jefe del Ejército, son más que lamentables. La índole del triste y ridículo personaje, ya la conocemos. No es extraño entonces que, en una insólita actitud, cuestionara a viva voz a la futura ministra de Defensa Nacional, doctora Azucena Berrutti. Este militar defensor de lo actuado por las Fuerzas Armadas durante el período dictatorial y, por supuesto, protagonista concreto de las políticas diseñadas tomando como base la llamada Doctrina de la Seguridad Nacional, siempre ha sido el más frecuente vocero del grupo de «nostálgicos», trabajando para que el corporativismo militar se mantenga y, con ese instrumento, sustentar la política de oscurantismo e impunidad. El propósito es que nunca se conozca la verdad sobre los ciudadanos desaparecidos y sobre la metodología de terror aplicada.

Paulós es defensor de lo peor. Un hombre que debiera haber sido excluido hace mucho tiempo de la familia militar, porque expresa lo más lamentable, justificando todo tipo de tropelías de los uniformados, avalando todo lo ocurrido en el pasado, luchando a brazo partido contra la Historia, que tiende a imponer la verdad y la justicia sobre la arbitrariedad y el encubrimiento.

Desde su cómoda posición de retirado, al que no le corresponden ni siquiera las limitaciones que tienen otros uniformados que han accedido a la jubilación mucho después, se atrevió a cuestionar de palabra a la futura ministra, sin importarle que el ámbito en que se encontraba fuera el de la asunción del nuevo comandante del Ejército, a pocos días de la instalación del nuevo gobierno; primera vez que la futura ministra de Defensa Nacional tomaba contacto con el conjunto de los jefes militares.

Se vio además cuál era la actitud de este general que, seguramente, debe tener bien guardadas en su conciencia acciones del pasado que a cualquier persona normal deberían afectar. Habló en voz alta, tratando de medir a la doctora Berrutti y, además, de concitar las adhesiones de otros uniformados que lo rodeaban. Paulós buscó un ambiente favorable para su diatriba contraria a la Historia y, por supuesto, a la institucionalidad del país.

Comentar lo ocurrido vale solamente como expresión que sirva para calificar a estos personajes, pues la significación de lo ocurrido –como bien dijo la doctora Berrutti– es solamente anecdótica. Lo que hizo este vocero de «nostálgicos», como son entre otros, Nino Gavazzo, Silveira y Cordero, fue poner en evidencia una soberbia desubicada que, además, ha servido para ridiculizarlo como vocero de esos sectores de uniformados, protagonistas de una de las etapas más vergonzosas que ha vivido nuestra sociedad.

Quizás Paulós se sienta muy orgulloso de lo que hizo o se escude en que como retirado tiene derecho a dar cuenta de su posición, cosa que no le permitió a ninguna de las personas que mantenía encapuchadas, al arbitrio de los torturadores.

Creemos que hay que analizar también el objetivo que buscó este señor que ni siquiera se amedrentó por el hecho de que se estaba realizando, formalmente, el primer acto en que la futura ministra se encontraba con los mandos de las Fuerzas Armadas, a los que tendrá que comandar, porque por sus manos pasarán, entre otras cosas, las políticas que serán decididas por el jefe supremo de las Fuerzas Armadas, en este caso, el futuro presidente de la República, doctor Tabaré Vázquez.

Los militares en actividad, a través del nuevo comandante del
Ejército general Bertolotti, debieron excusarse ante la doctora Berrutti por la provocación sin medida protagonizada por este triste personaje. No podemos meternos dentro de la cabeza del nuevo jefe del Ejército que, sin lugar a dudas, se debió sentir desairado por la acción de Paulós, destinada a colocarse como protagonista, en el marco de un acto de hondo contenido institucional.

Un intento de poner sobre el tapete una situación que ha dejado hondas heridas en nuestra sociedad y que el futuro gobierno ha prometido resolver. Ello, porque solo en el marco de la justicia, se puede construir un nuevo país.

Algo que, obviamente, Paulós nunca admitirá. *

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