Contencioso vasco-español
Hace tiempo que no trato el tema pues, aparentemente, después de los comicios las aguas políticas de esos lares se habían calmado. Pero, los centenarios sueños ni se olvidan ni pierden legítima actualidad. Por más globalizaciones que se esgriman o poderes fácticos que se quieran justificar, las independencias, soberanías y libertades aunque sean de países o naciones pequeñas, jamás pierden vigencia. El añejo nacionalismo vasco vuelve actualizado en el plan presentado por su Lendakari Ibarretxe ya aprobado en la legislatura eskalduna, incluido el voto de tres diputados de PSOE en ese Parlamento, que en lugar de responder a los intereses del gobierno central de Madrid o sea de Zapatero, votaron el propuesto.
Aprobado en la legislatura vasca, el plan o proyecto es elevado a la legislatura nacional hispana que son las Cortes, para su definitiva aprobación. Es obvio que en esa instancia donde toda España vota, los vascos quedan en minoría. No obstante, el Lendakari plebiscitará en Euskadi, solo por el pueblo vasco, el proyecto, a los efectos de demostrar cuál es el auténtico sentimiento del pueblo sometido. ¡Se la juega! El plan define la nación eskalduna como un pueblo con identidad propia, que siempre la tuvo y tiene por otra parte, y con derecho libertario a resolver sobre su futuro. Se propone un estado libre asociado con España. O sea, vinculado libremente a España, reservándose los tres poderes que representan los símbolos propios internos y externos con la respectiva ciudadanía que sería la vasca, extensiva a la diáspora. O sea a todos los descendientes vascos que en el exterior puedan obtenerla. Bastante similar a la situación de Costa Rica que linda en la Confederación con la USA. Se regularizaría una realidad sobre el idioma euskera, que pasaría a ser oficial con el castellano. Se le dejaría en el plan propuesto a España el régimen monetario y aduanero, de la defensa y fuerzas armadas, el manejo de las relaciones internacionales como el de la legislación penal, civil y mercantil.
El país vasco obtendría en cambio la educación y cultura, actividad profesional, el régimen de prensa, lo social y sanitario, la actividad agropecuaria; pesca y minería, telecomunicaciones, turismo, política tributaria, autonomía financiera y actividad bancaria con seguros incluido, protección del medio ambiente, transporte y seguridad pública. Y se deja constancia expresa que se tendría representación directa frente a la Unión Europea. Es obvio que esta aspiración si fuese resolución exclusiva del pueblo vasco, como debería democráticamente ser, se aprobaría por amplia mayoría. En las Cortes la ambición y despotismo imperial tiene amplia mayoría. Los comicios libres en Euskadi tienen el valor de demostrar moralmente con el peso que ello representa, la voluntad de un pueblo que histórica, idiomática, cultural y genéticamente nada tiene en común con el nostálgico imperio español. El problema no se resuelve buscando el consenso español en las Cortes, sino el de que resuelva libérrimamente el milenario pueblo vasco por voto secreto y por ende democrático, su destino. Si el Uruguay y la América toda en su momento hubiesen esperado el «consenso» español para su independencia, estaríamos aun con el «dogal» en el cuello haciéndole genuflexiones versallescas a los borbones.
Por supuesto que el plan Ibarretxe no va a ser aprobado. Pero tiene el valor y peso político social de ser un eslabón más de concientización libertaria manteniendo viva y cada vez más vital esa llama centenaria de aspiración soberana que atesora el pueblo vasco. Nadie puede caminar a «contrapelo». No se puede gobernar un pueblo que no reconoce ni admite las cadenas del gobierno central. El plan Ibarretxe por supuesto se queda tal vez en la mitad de los sueños y aspiraciones populares. Pero ha sido una buena estrategia irse «comiendo» pedazos de soberanía hasta que en el correr del tiempo pueda lograrse el objetivo definitivo. Es preferible al «bombazo» descarnado. Pero sea por uno u otro método, Propuesta «KAS», «Propuesta Democrática» y ahora este nuevo plan, lo cierto es que los intentos pacifistas siempre han partido de los vascos. La negativa cerrada a todo diálogo y derechos del pueblo eskaldun ha tenido por siempre la negativa más brutal de parte de España. Solo admite el sometimiento. El siglo XXI que debiera ser el de las libertades y humanismos lo transforman en el de las «sombras» de los imperios depredadores y explotadores. La lucha por la libertad y soberanía vasca, con la noble terquedad que los caracteriza, no cejará. El tiempo, la constancia y la justicia de sus derechos libertarios machacadamente, es la mejor estrategia de los pueblos chicos contra los imperios. *
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