¿Descartar o descontar?
«Descartamos que la gestión se verá coronada por el éxito», afirmó, entusiasta, un alto funcionario en referencia a las tratativas para obtener una prórroga del contrato por el que Brasil nos suministra energía eléctrica y que vence a fin de mes.
Tamaña declaración me sumió en hondo pesimismo y –de no ser por las últimas lluvias– todo haría prever un futuro energético tenebroso para el país. Porque si el funcionario descarta que la gestión de prórroga tenga éxito, todo hace suponer que la misma está condenada al fracaso.
¿O qué otra cosa puede inferirse del empleo del verbo descartar? Además del uso que de este verbo se hace en las partidas de naipes, el diccionario nos recuerda que el vocablo significa «rechazar, no admitir, desechar». Por eso los envases que no tienen devolución son llamados descartables, del mismo modo que los encendedores que no son recargables o los pañales que no se lavan sino que, después de recibir la caca y el pichí del bebé, se botan a la basura. Admitida esta clara semántica, lo único que puede entenderse del mensaje pretendidamente optimista es que Brasil dejará de suministrarnos energía eléctrica al vencer el contrato. Si –como es de toda evidencia– se pretendía expresar lo contrario, se debería haber escrito «Descartamos que la gestión fracase», que es como expresar optimismo en cuanto al buen fin de la gestión.
Cuando leemos el informe sobre el estado del tiempo, solemos encontrarnos con enunciados como los siguientes: Meteorología descarta la posibilidad de huracanes (no tendremos huracanes); Meteorología no descarta la ocurrencia de heladas (puede helar). Pero si se dijera, por ejemplo: Meteorología descarta que no habrá ciclones, todos tendríamos que salir desesperados a buscar refugio en lugares seguros pues se estaría rechazando la no ocurrencia de ciclones, y por simple deducción, se estaría admitiendo que pueden ocurrir.
Barrunto que todo se debe a una confusión entre descartar y descontar (en su acepción de «dar por cierto») y particularmente la expresión dar por descontado, que significa «contar alguien con algo como seguro e indiscutible», y que es tal vez lo que se quiso escribir: «Descontamos (o damos por descontado) que la gestión se verá coronada por el éxito».
–Y digo yo, Mendieta: ¿No sería bueno que además de la energía eléctrica, el amigo Lula nos suministrara algunos litros de caipiriña?
–¡Qué lo parió! *
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