Montevideo, cuando se hundió el Graf Spee
19 de diciembre de 1939
La guerra europea se ha trasladado a este remoto rincón del globo a 35º de latitud sur. El acorazado de bolsillo Admiral Graf Von Spee –una de las naves de guerra más temibles de la flota alemana– descansa desde hoy en el lecho arenoso del Río de la Plata.
Finaliza así una acción bélica que había comenzado hace tres días, cuando los buques ingleses Exeter, Ajax y Achilles sorprendieron al veloz acorazado alemán frente a las costas de Punta del Este, en el límite entre el Río de la Plata y el océano Atlántico. El Graf Spee, seriamente dañado, logró huir y refugiarse en el puerto metropolitano con la intención de enterrar a los marinos muertos, hacer atender a los heridos y proceder a reparar los daños sufridos por el buque.
A partir de entonces, se desarrolló una batalla diplomática no menos intensa que la otra. El embajador de Su Majestad británica, sir Eugen Millington Drake, ejerció todo tipo de presiones sobre el canciller uruguayo Alfredo Guani con el propósito de impedir la permanencia del acorazado alemán en Montevideo. No obstante las protestas de la embajada alemana, por fin el gobierno uruguayo cedió y dio un plazo de 48 horas para que el acorazado abandonara el puerto.
Ante la perspectiva de poder asistir al espectáculo de un combate naval que parecía inevitable, un importante número de montevideanos provistos de prismáticos se congregó sobre la rambla sur, el puerto y el Cerro que domina la bahía.
Antes de que los navíos ingleses abrieran fuego, el capitán Langdorf y la tripulación abandonaron el acorazado luego de instalar el mecanismo que destruiría la nave. Pocos minutos después, se oyeron unas cuantas explosiones en serie mientras el poderoso buque quedaba envuelto en llamas. Fue inclinándose poco a poco hasta desaparecer bajo las aguas del estuario en medio de una gran columna de humo negro. *
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