La infancia amenazada

Tal como se consigna en nuestra edición de ayer, sábado 18, la Unicef dio a conocer su décimo informe anual sobre la realidad de la infancia en todo el mundo. El documento, conocido como «Estado Mundial de la Infancia 2005″, lleva un complemento que resume de manera sintética pero por demás elocuente la situación dramática que padecen millones de niños en todo el planeta pero especialmente en las áreas subdesarrolladas: «la infancia amenazada». En una población mundial estimada en 2.200 millones de niños, casi la mitad –mil millones– viven en la pobreza.

Es muy difícil evitar caer en lugares comunes cuando se intenta comentar esta realidad, pero lo cierto es que cuando la Humanidad lleva varios milenios de civilización (de los cuales dos de predominio de valores cristianos) y más de diez años de vigencia de una Declaración (otra más) de los derechos humanos específicamente referidos a los niños, éstos siguen siendo víctimas inocentes de un orden social aberrante.

No por conocidas, ciertas cifras dejan de resultar impactantes y sublevantes. Si nos detenemos en el gasto militar mundial en el año 2003 –956 mil millones de dólares, es decir casi un billón–, advertimos que supera largamente el gasto anual aproximado que se necesita para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio para 2015, calculado entre 40 mil millones y 70 mil millones de dólares. Esto quiere decir que los gobiernos, los dirigentes mundiales han preferido gastar en presupuesto militar (que es como decir para destruir y matar gente) entre 13 y 24 veces más de lo necesario para que el mundo sea menos injusto.

Como ha venido sucediendo desde tiempos remotos, las víctimas preferidas de ese orden mundial injusto son los más débiles: niños, mujeres, viejos, etnias marginadas y todo grupo vulnerable. Es entre esas poblaciones frágiles que las guerras, las enfermedades y el hambre hacen estragos ensañándose con la indefensión de las víctimas.

Dice el informe de Unicef: «La infancia de 1.000 millones de niños y niñas está hoy en día amenazada. La pobreza, los conflictos y el VIH/SIDA se encuentran entre las amenazas más graves que ponen en peligro la infancia en todo el planeta. Tanto por sí solas como combinadas, estas amenazas menoscaban la supervivencia, el bienestar y las posibilidades futuras de los niños y las niñas. (…) Los daños causados por cada una de estas amenazas perduran más allá de la infancia, y a menudo se repiten en la próxima generación».

El Uruguay, que tradicionalmente fue una excepción a la realidad latinoamericana, ha ingresado de lleno al mundo subdesarrollado. Con guarismos que se aproximan a la media del Tercer Mundo (56 por ciento de los niños entre cero y cinco años y un tercio de la población adulta en situación de pobreza), el país económicamente pujante y con relativa justicia social forjado por el batllismo en la primera mitad del siglo pasado se transformó en lo que todos percibimos hoy: estructuras económicas estancadas, ruina del aparato productivo, una sociedad fracturada, exclusión, aumento de la delincuencia e inseguridad de la población.

Esta amarga realidad no será fácil de revertir; es muy profundo el daño causado por los gobiernos que se sucedieron desde hace más de cuarenta años. Y cuando esos niños que hoy vegetan en la miseria sean adultos, serán adultos carenciados con enormes dificultades de inserción en la sociedad y en el mundo del trabajo. *

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