El homenaje a Rodney Arismendi

HOY MARTES 7 la Fundación que lleva su nombre organiza un homenaje a Rodney Arismendi en el Salón Rojo de la Intendencia. Se recuerdan los 20 años de su retorno al país luego del exilio provocado por la dictadura (3 de noviembre de 1984) y los 15 años de su fallecimiento (27 de diciembre de 1989). Pero el homenaje trasciende estos señalamientos puntuales, por dos órdenes de motivos.

Por una parte, se va a presentar la versión digital de la revista Estudios, de la que Arismendi fuera director desde su primer número de febrero-marzo 1956 (o sea, poco después del XVI Congreso del PCU, que marcó un cambio trascendente en su historia) hasta el número 105, de octubre de 1989, poco antes de su muerte. Es un material de extraordinaria riqueza, en que se condensan 33 años de la vida política del país, antes, durante y después de la dictadura, que se presenta en dos CD rom que reproducen las casi 12 mil páginas de la colección, diversificadas en análisis políticos, económicos, filosóficos, culturales. Es un material de primera agua para la historia de este período, que es el de la gestación de la unidad de la izquierda y de la unidad del pueblo, de la unidad del movimiento obrero, de la creación del Frente Amplio en una perspectiva de gobierno y de poder.

Este es precisamente el legado político e ideológico de Arismendi que será evocado en el acto. Y se hará en la hora del triunfo espléndido de esa concepción, con el acceso del Encuentro Progresista – Frente Amplio – Nueva Mayoría al gobierno con el apoyo de una mayoría de pueblo con la que no contó ningún gobierno en el país. Un objeto perseguido con ejemplar tenacidad, para lo cual debieron sortearse toda clase de obstáculos, desde la represión feroz de la dictadura que juró eliminar la nueva fuerza política de la faz de la República hasta las trabas ideológicas, las incomprensiones o los ataques de los enemigos de la unidad, culmina al cabo de casi medio siglo con la izquierda en el gobierno en la primera vuelta, la mayoría absoluta parlamentaria, representantes en todos y cada uno de los departamentos, la extensión de su influencia a todos los rincones del país, un vuelco en el cuadro de los partidos políticos, el inicio en fin de un nuevo tiempo histórico. En todos estos cambios trascendentes figura, en primeros planos, el aporte de Arismendi, su búsqueda sistemática de la unidad sin exclusiones de todas las fuerzas de izquierda, a través de iniciativas en cada recodo de la lucha. Esta labor múltiple, que comprende informes, libros, conferencias, discursos de quien fuera uno de los más brillantes parlamentarios del país, está condensada en la recopilación titulada «La construcción de la unidad de la izquierda», editado por la Fundación Rodney Arismendi en vísperas de las anteriores elecciones de 1999. Allí se encuentra, entre otros, el valioso concepto de que «la lucha ideológica tiene límites, debe ser puesta al servicio de la unidad». Con estos cambios, Uruguay se colocó en sintonía con los nuevos tiempos que atraviesa nuestra América Latina, cuyas más recientes expresiones fueron las elecciones en Brasil, Venezuela, Chile, Nicaragua. Este era otro problema esencial en la atención de Arismendi, que situó la brega del pueblo uruguayo en los marcos de la revolución continental abierta por la revolución cubana del 1º de enero de 1959.

Me tocó abordar parcialmente estos temas en una nota publicada en Bitácora el 11 de noviembre, titulada «La izquierda alcanza el gobierno. La victoria de una concepción». Varios compañeros de viejas épocas me instaron a ahondar en esa huella, con el objetivo de exponer ante las nuevas generaciones los antecedentes y la vigencia total -que ahora aparece en su magnitud y significado cabales- de una concepción sobre el papel esencial de la unidad de la izquierda amasada con militancia, sacrificio y lucidez a lo largo de varias décadas. Me recordaban que en las polémicas de aquellas épocas gente impaciente, que creía que los resultados estaban a la vuelta de la esquina, preguntaba inquisitivamente hasta cuándo iba a durar la acumulación de fuerzas en el seno de la izquierda y del pueblo. Mis amigos señalaban que la vida ahora les está dando la respuesta: hasta llegar a lo que ahora hemos logrado construir con el esfuerzo colectivo y la conjunción de fuerzas, sectores y personalidades venidos de las más diversas vertientes, que hoy toma la forma de EP-FA-NM. Y que no ha alcanzado su techo, al revés de lo que algunos analistas pretenden. Al contrario: puede seguirse nutriendo con el aporte de nuevos sectores populares, en la capital y el interior.

Ese era el sueño de Arismendi. La muerte le impidió verlo concretado. Lo mismo aconteció con Seregni, que llegó mucho más cerca, a apenas tres meses de la victoria que contribuyó decididamente a cimentar. Nos quedan su legado, sus ideas, el recuerdo de su acción apasionada de toda la vida, que plasma en esta oleada de esperanza que está viviendo el pueblo uruguayo. *

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