LA LENGUA NO ES DE TRAPO

Sino no es lo mismo que si no

Un lector me ha enviado un recorte sin especificar de qué medio de prensa lo extrajo. «El gobierno tiene que hacer algo porque sino esta situación se va a repetir», fue la opinión de un alarmado vecino de Euskal Erría 70 a propósito de los hechos de notoriedad ocurridos hace unos días, transcripta por un cronista desprevenido.

Se debería haber escrito así: «El gobierno tiene que hacer algo porque si no, esta situación se va a repetir».

Me parece oportuno señalar el yerro pues lo veo con suma frecuencia hasta en los subtítulos en español de películas extranjeras. Se puede concluir que una buena parte de los hispanohablantes es incapaz de distinguir la clarísima diferencia conceptual que resulta según se escriba sino (en una sola palabra) o si no, expresión compuesta por la conjunción condicional si y el adverbio de negación no.

No se puede confundir la conjunción adversativa sino equivalente a pero con la expresión si no equivalente a de otro modo o de no ser así.

Es claro –aunque no parece serlo para algunos– que la palabra sino –además de ser un sustantivo que significa hado, destino (recuérdese que la Cruz del Sur fue como el sino de la suerte que cupo a la pobre madame Ivonne, que hoy ya no es la papusa del Barrio Latino)– es una conjunción adversativa (semánticamente emparentada con pero) que se usa para contraponer a un concepto negativo otro afirmativo: No fue un acto de guerra sino un ataque terrorista. También es posible usarla con el sentido de excepción en enunciados como Nadie lo sabe sino la CIA. Otras veces, adquiere el significado de solamente o nada más que: Después de la explosión no quedaron sino escombros y hierros retorcidos.

En cambio si no –escrito separadamente– es lo que corresponde cuando lo que se quiere expresar es en caso contrario o de otra suerte. Se trata de una expresión elíptica en la que está sobreentendida una oración completa, como en este ejemplo de educación paterna: Quedate quieto; si no, te doy una paliza, donde se ha omitido la oración completa si no te quedás quieto.

–La verdad, Mendieta, que a mí, las conjunciones adversativas siempre me pusieron nervioso. Así que lo mejor es que dejemos todo este asunto y nos tomemos una con limón y con hielo, ¿qué le parece?

–¡Qué lo parió! *

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