Los tiempos que vienen

El siglo XXI hace su aparición en el Uruguay de la mano del proyecto progresista con el triunfo que se avizora en la primera vuelta del Encuentro Progresista – Frente Amplio – Nueva Mayoría el próximo 31 de octubre. Se inicia una nueva etapa. Vale la pena resaltar algunos aspectos de este hecho sin precedentes en la historia de nuestro país para garantizar el triunfo primero y después consolidar y garantizar el gobierno progresista.

La sustitución de la elite blanca y colorada que ha gobernado los últimos veinte años es el primer escalón de la victoria. Hace tiempo que no sólo no pueden ser parte de la solución de los graves problemas que el país tiene, sino que además son parte endémica de ellos. Sumada a su incapacidad, incompetencia e irresponsabilidad en el manejo de los asuntos públicos, el clientelismo, la corruptela y el amiguismo, han degradado la política de tal forma que el escepticismo y la desconfianza es una constante en los uruguayos.

Por ello la victoria electoral es fundamental en sí misma, porque generará el primer impulso para iniciar otro rumbo en materia económica y social, estableciendo además, otra sensibilidad frente a los problemas de los uruguayos. La lucha por los más desamparados y la firmeza e inflexibilidad contra la corrupción, son capítulos centrales del gobierno que se viene.

Las estrategias de la campaña de Larrañaga y Stirling como prestanombres del continuismo de Batlle, Lacalle y Sanguinetti y en particular con la irrupción de este último con la tergiversación, la falsedad y la mentira son una muestra de lo que se vendrá desde el mismo 1º de noviembre, cuando finalice el escrutinio de la voluntad ciudadana confirmando el triunfo progresista: la oposición más cerril por parte de quienes esta vez no tendrán el voto ciudadano.

De la misma forma que no vamos a entrar en ninguna provocación ni grande ni pequeña para que no se opaque el triunfo, responderemos con la tranquilidad de espíritu y la firmeza de la Constitución y la Ley para que el programa progresista pueda instalarse y asegurar a todos los uruguayos poder vivir dignamente en el Uruguay, que la opción deje de ser marginalizarse dentro o fuera de fronteras.

El triunfo se basa en identificar claramente que no son los que apoyan a nuestra fuerza política los que pondrán piedras en el camino y tener presente más que nunca el concepto de «los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera» en el interés superior de construir entre todos la esperanza de que vale la pena vivir en Uruguay.

Una de las claves del triunfo es optimizar la herramienta de la Nueva Mayoría, como medio para convocar a miles de uruguayos progresistas blancos y colorados que aún hoy tienen temor o duda de lo que hará el futuro gobierno progresista.

A ellos la invitación con la mano tendida, para que honren la divisa de sus mayores votando y participando a través de las múltiples expresiones de la Nueva Mayoría con un programa común y un accionar conjunto que respaldará al gobierno de Tabaré Vázquez sin cortapisas.

Asimismo la garantía de la transformación del país es apelar al profundo sentimiento de rebeldía y de justicia de los uruguayos. Convocándolos a seguir atentos y movilizados para respaldar y también exigir el cumplimiento del programa del nuevo Uruguay que ya comienza.

Por último pero no menos importante, es que este triunfo no es obra de un hombre, ni de un partido, ni siquiera de este año 2004. Este triunfo que se avizora constituye la expresión de la experiencia histórica de miles de ciudadanos progresistas, la mayoría de ellos anónimos militantes a través de décadas de nuestro país. *

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