Voto por Tabaré y Nin

En las próximas horas entramos en la veda electoral, lo que me hace sentir mucho más libre y más ciudadano. Llego a los comicios habiendo cumplido a cabalidad con las buenas costumbres que se recomiendan a los periodistas: practicar el pluralismo. Desde 1410 AM LIBRE, donde ejerzo la jefatura de su informativo, realicé una cobertura de estas elecciones con una óptica claramente democrática y plural. Todos los actores pasaron por nuestros noticieros. Cubrimos en vivo y en directo actos y convenciones de los principales partidos políticos. Tuvimos el récord, casi para el Libro Guiness, de haber transmitido a la vez un acto de Tabaré Vázquez y otro de Jorge Larrañaga. Como profesional, por todo esto, duermo tranquilo.

En todos estos meses no hice pública mi adhesión a candidatura alguna. Creí que no era conveniente, en tanto eso podía influir en la audiencia. También es verdad, no puedo ser hipócrita, que todos saben que desde 1971, mi primera elección, siempre voté a la izquierda. Ya sobre el final de esta campaña electoral quiero que los oyentes de 1410 AM LIBRE y los lectores de La República permitan que mi condición de ciudadano prime sobre mi condición de profesional del periodismo.

Quiero que todos lo sepan: voy a votar al doctor Tabaré Vázquez y al sector que lidera el senador Rodolfo Nin Novoa. Pero fundamentalmente voy a votar por las distintas generaciones que desde la izquierda pusieron ideas y pellejo para retomar el andar de Artigas, sacándolo del bronce, para que con sus ideas y coraje le traiga felicidad a este pueblo de viejos y de pocos jóvenes que quiere dejar de contar el pasado, para pasar a construir el futuro.

Vázquez, ese líder de la izquierda que no surge de los manuales clásicos, ha sido en todos estos años un gran dirigente que tuvo la capacidad de unir a la izquierda nacional, mientras que en el mundo esa misma izquierda saltaba en pedazos. Y eso lo logró porque ha mostrado que tiene una particular sensibilidad para sentir en su propia piel los movimientos subterráneos de la sociedad, particularmente de los más humildes. Sensibilidad que mostró con inmensa magnitud cuando gobernó Montevideo.

¿Por qué Nin? ¿Por qué yo con Nin? ¿Por qué prestarle el voto a un nacionalista, cuando vengo del batllismo, del racionalismo anarquista y del marxismo? La respuesta de mi adhesión no está en los libros ni en los análisis académicos, ni en elaboraciones filosóficas muy profundas, sino en los afectos y en las historias comunes.

Es que yo soy parte de un grupo grande de mujeres y hombres que quedamos en una esquina de nuestras vidas a la intemperie porque pensamos, casi sin saber qué había que hacer, que era la hora de articular una nueva propuesta política e ideológica ante los cambios que el mundo sufría en sus entrañas.

Saltamos en pedazos, es cierto. Pero ninguno de nosotros se cayó fuera de la cancha. Mucho menos terminamos congraciándonos con el statu quo. Nos quedamos en la izquierda, por momentos paralizados, por momentos muy activos, por momentos muy solos. A pesar de ello no renegamos de la experiencia acumulada sobre cómo se construye una fuerza del cambio. No fuimos los únicos, pero sí estuvimos entre los primeros en plantear la construcción del Encuentro Progresista, sin dejar de ser de izquierda, sin dejar de ser frentreamplistas.

Nin fue de los pocos que en 1994 dejó las mieles del poder para pasar a juntarse con un grupo de mujeres y hombres de izquierda que habían quedado en una permanente búsqueda. Recuerdo, como si fuera hoy, aquel mediodía soleado en la casa de una amiga, que ya no está, cuando mirándonos a la cara nos dijo: «Hoy me voy del Partido Nacional». La primera elección fue un fracaso para Nin, pero se mantuvo al firme, con la mano extendida. Tabaré Vázquez, a su vez, no le dio la espalda, ni le dijo «gracias por su servicios». Los dos siguieron juntos, los dos van a llegar juntos.

En la Alianza Progresista no están todos los que inciaron aquel camino, pero están muchos de aquellos. También sé que están otros no previstos, pero que comprendieron que la política de unidad y concertación que Nin impulsó era el camino para acumular fuerzas y encontrar este resurgir del pueblo, con la bandera tricolor.

Sé que otros amigos tienen otros afectos y otras historias comunes. Tanto o más válidas que las mías. Las respeto y las comprendo. Muchos de aquellos que saltamos en pedazos en 1992 seguramente voten a otros sectores y merecen también todo mi reconocimiento. No procuro convencer a nadie con estas líneas, sólo quiero que sepan a quién le prestaré el voto en la interna del EP-FA. Voto prestado que espero que se me devuelva limpito y sin arrugas. Mientras, seguiré buscando y tomando partido hasta cuando se discute la dirección del viento, aunque esta vez la soledad sea sólo una cuestión del pasado. *

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