Nuevas políticas sociales en la era progresista
¿Cuál será la impronta del nuevo modelo de política social en una era progresista muy próxima a iniciarse a partir del 2005?
En primer lugar, políticas sociales y políticas económicas irán de la mano, no estarán disociadas las unas de las otras, sino que estarán imbricadas en una misma estrategia de desarrollo. A diferencia de estos últimos años, las políticas sociales no estarán subordinadas a las políticas económicas, lo que supone rejerarquizarlas en tanto componentes fundamentales de políticas públicas que coloquen el centro de atención en la persona y la familia.
En segundo lugar, la estrategia de desarrollo humano, supone no sólo el crecimiento económico que obviamente es básico, sino de qué modo dicho crecimiento económico se redistribuye de manera equitativa y con justicia social entre todos los uruguayos, con énfasis especial en los más desfavorecidos, los miles de compatriotas que no alcanzan a satisfacer sus necesidades humanas.
En tercer lugar, las políticas sociales ya no serán compensatorias de los efectos perjudiciales de las políticas económicas, no apuntarán a intentar «tapar los agujeros» o a enmendar lo que las políticas económicas, ajustes fiscales y otras medidas que se tornaron comunes durante los últimos años, generaron como resultado final. Por lo contrario, las políticas sociales serán desarrolladas a partir de un enfoque de promoción social, atacando las verdaderas causas de la pobreza y no apenas sus manifestaciones más intolerables.
En cuarto lugar, las políticas sociales apuntarán de manera inequívoca a generar las condiciones y estructuras de oportunidades para el desarrollo humano, la superación de la pobreza y las desigualdades, a partir de políticas activas de empleo, por reconocer en el Trabajo uno de las principales mecanismos de integración e inclusión social. Trabajo, alimentación, educación, salud, vivienda, serán los ejes fundamentales para efectivamente brindar las oportunidades de satisfacción de las necesidades humanas y mejorar sensiblemente el bienestar de la población uruguaya.
En quinto lugar destacamos la integralidad de las políticas sociales, entendidas como el abordaje de todas las dimensiones que influyen en la configuración de los problemas sociales (económica, sociocultural, psicológica, institucional) y como método para superar la actual fragmentación, descoordinación y atomización de las políticas y programas sociales que se vienen desarrollando con inoperancia e ineficiencia. Por ello la coordinación y articulación de las políticas sectoriales será sin lugar a dudas, una de las primeras medidas que se tomarán desde el gobierno, involucrando a todo el Estado y también a las organizaciones sociales en general (ong, organizaciones eclesiales, actores sociales, empresas, sindicatos, en fin, a la sociedad civil en su conjunto más amplio).
En sexto lugar y una de sus características más sobresalientes; las políticas sociales en la era progresista implicarán la promoción de la participación ciudadana, en tanto es a nuestro juicio, una de las garantías para alcanzar impactos sociales sostenidos, duraderos y profundos. Porque los ciudadanos no son «objetos de beneficencia» sino sujetos de derechos, y entre estos derechos se encuentra precisamente el derecho a tomar parte de la vida pública, de opinar y decidir, construyendo así su propio destino. El diálogo de los gobernantes con la sociedad civil es la vía principal de toda democracia. En ese sentido, lejos de la prescindencia y de la indiferencia, habrá una responsabilidad insoslayable del Estado en las orientaciones de las políticas sociales y en intervenciones para construir junto con los miles de uruguayos y uruguayas, las rutas o itinerarios de salida de la pobreza, la marginalidad y la exclusión social, sin paternalismo ni asistencialismo.
Ante el drama social, sin duda alguna las políticas sociales se iniciarán con un Plan para la Emergencia Social, porque será lo primero pero no lo único, atender las intolerables situaciones de desnutrición infantil y alimentación absolutamente insuficiente que sufren hoy mismo casi cien mil compatriotas, de los miles de uruguayos sin techo y durmiendo a la intemperie por mencionar dos aspectos de este drama ética y políticamente insostenibles. Pero un Plan para la Emergencia Social (por definición transitorio), apenas conforma uno de los pilares de las políticas sociales, concatenado y articulado con otras políticas de carácter universalista y promocional.
Las políticas sociales en la nueva era progresista serán entonces, coincidiendo con Juan Pablo Terra un «conjunto de políticas orientadas a asegurar la satisfacción de necesidades de la población y a crear las condiciones propicias al desarrollo social y personal, en todos aquellos aspectos que no resulten sólo del establecimiento de la democracia política, la paz y el orden público, o del desarrollo económico, científico o tecnológico». *
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