Por una política de puertas abiertas
Este será el último artículo mío antes de los comicios generales. Pasando raya y resumiendo, lo digo con satisfacción nacionalista, no hemos sido nosotros los que iniciamos ni fomentamos una campaña de odios, injurias e infamias gratuitas. Sin perjuicio de críticas programáticas, enfoques ideológicos distintos, o actitudes políticas generales, no hay ningún blanco que se hubiese metido en ofensas de conductas o difamaciones personales o generales. Nadie tocó la vida personal del Taba ni la de Arana o cualquier otro frentista como se ha tenido que soportar a falta de otro «diálogo», por parte de los blancos, que se hayan dicho las barbaridades sobre Larrañaga que fueron desde las golpizas a su esposa hasta una sarta de calumnias que alguna revista especializada, comparable con aquella vieja publicación que fuera «La Escoba» y que se dice «izquierdista», dedica con prolijidad a nuestro Partido y su candidato. Bueno es señalar también, un cargo que se acostumbra hacer por el Frente: «Blancos y colorados son iguales». ¡Por cierto que no lo somos! Y esta oportunidad justamente viene «al pelo» para marcar diferencias en la campaña. Las presuntas ofensas recibidas por el Frente, los señalamientos más duros, drásticos y crudos como exhibiciones en pantallas gigantes en vías públicas, etc., no partieron de los nacionalistas. En todo momento hemos insistido en el concepto que pasada la elección, gane quien gane, los orientales todos, Larrañaga lo repite hasta el cansancio, tienen que hacer un gobierno nacional con los representantes de «buena y patriótica» voluntad. O salimos todos «tirando parejo del carro» o no se sale. Sin embargo, hay fanáticos imbéciles que insisten en igualar o emparejar ofendiendo y cerrando puertas. Por el solo hecho de ser blanco hoy representamos la «maldad». Y si mañana me voy con el Frente, paso a la calidad de «angélico». ¡Argumento típico de Bush! Buena parte de los representantes frentistas tuvieron su origen en el nacionalismo y hasta los hay que repiten lo mismo que nosotros; supongo que por «afinidad». Larrañaga es «malo y perverso» para los frentistas por tener, según parece, ocho caballos de carrera y cobrar un subsidio legal, que le corresponde. Nin Novoa que cobró U$S 193.000- de subsidio (por cierto mayor volumen) y Gaggero, que tiene caballos de polo tan costosos en su mantenimiento como los «parejeros», ignoro si son ocho o catorce, son «macanudos y populistas». Sin perjuicio de algún otro dirigente o industrial frentistas (que los hay) y gusta del deporte de los reyes y es un gusto legítimo. O sea, la estupidez no es aconsejable como argumento ideológico político. Salvo, claro está, que esos «inteligentes» que argumentan de tal manera, no quieran que, una vez pasadas las elecciones y en caso de ganar el Frente y quedando en el futuro, es común, en minoría de las cámaras, tener ayuda de otra fuerza política con la que puedan tener afinidades.
Parafraseando a Mujica, no hay que ser «chorizos». El gaucho sanducero tiene las puertas abiertas y, de ganar los blancos, lo hace. Es una figura progresista. Lo decía y reconocía el propio Frente hasta hace cuatro meses. ¿Van a seguir cambiando de opinión todos los días? ¡Con razón no quieren discutir! *
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