Más participación ciudadana para la reconstrucción nacional
Pese a los esfuerzos del Partido Colorado por teñir de un tono revanchista y lúgubre la campaña electoral, en la ciudadanía, en toda ella, se vive un clima de serena expectativa. Tanto en Montevideo como en el Interior el clima de cordialidad es lo dominante. Nunca antes había sido así. Al menos en los últimos 40 años.
La inminencia de un cambio en los elencos de gobierno es vista como una experiencia interesante y, aunque no se sufrague por el FA-EP-NM, hay ya emitida una cuota de interés por el ¿qué harán? ahora los hombres y las mujeres de izquierda que durante tanto tiempo lucharon por alcanzar el gobierno.
La excepción es, lo repetimos, el Partido Colorado, el primer y por ahora el más grande derrotado de esta campaña electoral.
El cambio de temperatura ambiente no puede ser visto sino como un dato altamente positivo. Como una expresión de ensanchamiento del interés ciudadano.
«La política» ha terminado de salir del «cuarto de desechos» a la que mucha gente la tenía confinada. La acción política frentista, el trabajo de base, el estilo mesurado de su campaña, ha inducido a decenas de miles de personas a tomar partido, a interesarse con detenimiento por el acontecer político. Vote o no a Tabaré, la atención por «lo político» está en pleno renacimiento, partiendo casi de la nada.
Esta recuperación para el gran público, para la mirada y el interés de las masas, acerca del curso de la acción política es un hecho positivo y prometedor.
Es la antesala de un aumento del compromiso y de la participación, componentes sin los cuales no es pensable el cambio social, económico y cultural que entraña el advenimiento de un nuevo gobierno y la construcción de un nuevo modelo de país.
Es la antesala real de una profundización de la democracia que ha venido de la mano de las luchas contra el neoliberalismo, en defensa del salario y del empleo y ahora encuentra su gran cauce de unificación nacional en el voto progresista por Tabaré.
Ningún plan de gobierno, ningún paquete de medidas destinadas a combatir la emergencia social, podría sobrevivir sin ese nuevo clima de participación, de compromiso, de toma de partido.
La campaña electoral que está culminando ha tenido luces y sombras. Pero la mayor parte de las sombras provienen de cúpulas, de los políticos anquilosados y esperpénticos que temen ser desplazados de sus posiciones seculares de privilegio y no de los ciudadanos, blancos y colorados, cuya identidad, cuyo ser específico, es el ser ciudadano, el depositario de una toma de decisiones.
Desde las bases electorales de los partidos tradicionales no se ha visto surgir ninguna forma de hostilidad hacia las propuestas de cambio ni tampoco hacia sus candidatos. Al contrario.
El error del coloradismo, dominado por Sanguinetti, empieza por no entender qué es lo que ha ocurrido en su propio partido, en su propia base de sustentación electoral.
No deja de ser un indicador sutil de hasta qué punto han perdido contacto con su propio pueblo. No es sólo al pueblo frenteamplista al que no pueden comprender. Es a sus propios electores, es a sus partidarios de toda la vida.
Han funcionado demasiado a «puerta cerrada», en círculos pequeños, en conciliábulos públicamente impresentables y ahora ya no saben cómo trazar puentes que los hagan creíbles ante su propia gente. Es de esperar que este clima se prolongue y se amplíe. En profundidad social, alcanzando a todos los barrios y en el tiempo, traspasando las fronteras del 31 de octubre. Ciudadanía viva y crítica, activa y movilizada, confiada en sus fuerzas y con confianza en el país: de todos esos elementos estará amasada nuestra reconstrucción nacional. *
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