Puerto de montevideo: una historia de maquetas

Las maquetas son, como se sabe, modelos a escala reducida de obras y maquinarias. Y se emplean por lo común con fines didácticos y publicitarios. Más lo segundo que lo primero.

El lector se preguntará qué tienen que ver las maquetas (maquettes, en francés) con la problemática del puerto de Montevideo. Pues sí, tienen que ver. Hace pocos días se inauguró una inexistente obra en Puntas de Sayago por parte de la empresa Cerro Free Port, (Cerro Puerto Libre) a quien la IMM aplicó multas por eso mismo. Por no presentar los planos y documentos que deben acompañar a cada obra, y por carecer de los permisos avalados por las distintas reparticiones del Estado.

Se ha informado por parte de Free Port, que próximamente se llamará a licitación para la concreción del magno proyecto portuario y que los capitalistas serán coreanos, entre ellos el Reverendo Moon.

De modo que planos no existen, permisos no hay, y los inversores son bastante misteriosos.

Lo que sí existe, es una preciosa maqueta, que mostrada a través de todos los medios televisivos invita a soñar reverendas grandezas a partir del puerto del reverendo. Y ya que de maquetas del puerto hablamos, hemos de retroceder 40 años, cuando maqueta mediante, se quiso vender a los sufridos uruguayos el sueño del Súper Puerto de Montevideo. La historia fue así:

El 22 de mayo de 1968, la Administración Nacional de Puertos (ANP) invita al Cuerpo Diplomático acreditado ante la República para presentar  frente a una gran maqueta  y por boca del presidente del Directorio, general (r) Pedro Ribas, el proyecto de remodelación de la bahía y adyacencias, que había implementado el ingeniero J.P. Bagattini, cabeza de la «Comisión Técnica Asesora del Directorio de la ANP» bajo el lema «Montevideo, puerto del Cono Sur». El temario en sus aristas más salientes comprendía:

 

1. Profundización a 20 m de la dársena de Ancap, para dar entrada a los superpetroleros de 200.000 toneladas.

2. Construcción de un canal de acceso al puerto de Montevideo, de 73 km de largo y 20 m de profundidad para esos mega tanqueros.

 

3. Supresión de 457 hectáreas del espejo de aguas de la bahía mediante relleno.

 

4 Instalación de un parque de almacenamiento con capacidad para 640.000 toneladas de petróleo.

 

5. Financiación de las obras por «Concesión» a empresas multinacionales.

 

Por aquellos tiempos la Armada estaba bajo el mando del almirante Francisco de Castro, quien en vista del enfrentamiento entre Ancap, que quería recibir a los petroleros en una boya a ser instalada en José Ignacio y la ANP, que los quería en la proyectada dársena profundizada a 20 m, y molesto por la total prescindencia de los técnicos navales, decidió la formación de un Grupo de Estudio, que debía analizar el proyecto Bagattini-Ribas. Lo integraban los capitanes de navío Carlos Camps, Federico Merino y Walter Etchart. El informe de los marinos demolió el proyecto de la ANP al afirmar entre otras razones que:

 

1. La supresión del espejo de agua que obra como amortiguador de las olas que entran por la boca del puerto haría de Montevideo un puerto inseguro e indeseable.

 

2. La financiación del proyecto sólo existía en la mente de sus impulsores. Nadie investigó si alguna empresa querría instalarse en los futuros terrenos ganados al mar. Tampoco nadie manifestó el deseo de hacerlo.

 

3. Nada indicaba que Brasil o Argentina decidieran ser satélites económicos del Uruguay y desviaran sus tráficos en beneficio de Montevideo.

Más bien todo lo contrario, porque ni Montevideo es Rotterdam ni el Río de la Plata es el Rin.

 

4. La CIDE creada por Wilson Ferreira y vertebrada por el entonces joven Enrique Iglesias había determinado que el puerto tenía desde siempre una capacidad ociosa superior al 50%. Aumentar el número de muelles seis veces más era insensato.

5. Crear un parque de depósitos de 640.000 toneladas al lado mismo del agua y en proximidades de los nuevos muelles de atraque, acarrearía la posibilidad de que en caso de rotura de los tanques de almacenaje todo el puerto quedara cubierto con una capa de 3 centímetros de petróleo. Y ni pensar en un incendio.

Epílogo. El proyecto se disolvió en la nada. El general Ribas fue destituido a raíz de la crítica implacable que desde el Parlamento le dirigió el entonces senador Jorge Batlle.

A la presidencia de la ANP fue Fernández Vignart, también general retirado, a quien siguió, y ya en plena dictadura, un coronel de caballería. De la maqueta ni rastros.

Por esta historia de maquetas, pasadas y presentes, y pidiéndole excusas de antemano a los pacientes lectores, dos reflexiones me vienen a la mente. Una a lo Goebels, aquel señor que era ministro de propaganda de Hitler:

-¡Cuando escucho la palabra maqueta, echo mano a mi pistola!

Que dejo de lado. Y me decido por el proverbio árabe:

La primera vez que tú me engañes, tuya será la culpa. La segunda vez, el culpable seré yo! *

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