En las horas decisivas, ¡a redoblar!
Quisiera que el título de esta nota no fuera tomado ni siquiera como una recomendación. Porque hoy, tal vez más que nunca, estoy diciendo lo que pienso como lo que soy, un militante que como tantos miles y miles siente que se acerca el momento de tocar el cielo con las manos.
El devenir histórico nos ha deparado el privilegio de ser protagonistas de ese momento. Y esto es intransferible, o lo asumimos nosotros, de acuerdo con las posibilidades de cada uno, o nadie lo hará en lugar nuestro. Y es precisamente desde esa enorme responsabilidad que ha caído sobre nuestros hombros, que quisiera compartir con ustedes algunas reflexiones.
Creo que hay cosas que, en estos momentos, no podemos perder. En primer lugar no podemos perder el recuerdo permanente de quienes no estando hoy físicamente entre nosotros, han forjado durante decenios de lucha este alumbramiento de hoy sin pedir nunca nada a cambio.
En segundo lugar no podemos perder ni la calma ni la seguridad del triunfo. El adversario es fuerte y no se caracteriza por tener muchos escrúpulos, pero no debemos dar pie ni entrar en el «corral de ramas» de ninguna provocación. Pero al mismo tiempo hay que seguir demostrando, en la tarea diaria, que la victoria será nuestra.
En tercer lugar, reafirmar como nunca los instrumentos unitarios, la condición de coalición y movimiento de nuestro Frente Amplio, el actuar unidos para pegar juntos desde los Comités de Base, llamados a jugar un rol trascendente hasta y después del 31 de octubre, cuestión sobre la cual creemos que en el debido momento deberemos profundizar un intercambio tan fraterno como necesario.
En cuarto lugar, no podemos perder la perspectiva de la lucha y unidad de acción en un proceso de cambios que llegará tan lejos como seamos capaces de incidir en él, afianzando al máximo posible la organización a nivel político y social.
Creemos que precisamente potenciamos el esfuerzo creciente hacia el 31 de octubre, si nos mentalizamos en esa dirección, si no perdemos de vista que la conquista del gobierno abre las puertas a la conquista del poder, como un proceso continuo de acumulación de fuerzas que reconoce como medio y como fin una verdadera profundización democrática en el ejercicio pleno de las libertades.
En quinto y último lugar no podemos perder ni por un instante la perspectiva internacionalista. Hoy como nunca antes existen condiciones para avanzar en el proceso de integración entre gobiernos y pueblos de nuestro sufrido continente.
Pero no quiero terminar esta nota sin resaltar el enorme valor que están teniendo las expresiones masivas, desbordantes de entusiasmo, alegría y confianza en que el 31 de octubre, con el querido compañero Tabaré Vazquez a la cabeza, haremos el festejo más grande y emotivo que se recuerde. En todos los rincones de nuestra patria y en cada lugar en el mundo donde palpiten corazones de uruguayos que seguramente algún día volverán a estar entre nosotros. *
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