Claves de la administración estatal

Hoy, cuando los intentos de seducción colectivos (electorales) aparecen a cada vuelta de esquina, parecerá una simpleza para muchos que se intente una reflexión sobre la condición humana, analizando la medianía que aparece en muchos, para fijar posiciones y, de alguna manera, acomodar su vuelo a los nuevos vientos que se avecinan.

Casi todos los actores sociales y políticos han dicho alguna vez que sin entrega plena no hay posibilidades de construcciones verdaderas.

En rigor, ninguna pasión del hombre tiene sentido si no se pone en juego todo el ser, sin utilizar remilgados mecanismos tendientes a preservar condiciones, lugares o estilos.

Por ello es evidente que, más allá de los obstáculos y la hojarasca que se interpongan entre la obra y su resultado, vale principalmente la actitud individual por qué, como decía Sartre, «cada hombre debe construir su propia senda».

¿A qué viene esto? Es que a 14 días de las primeras elecciones nacionales del siglo, las encuestas y el olfato dicen del cambio dramático que se producirá en nuestra sociedad, al ser «sancionados» por la ciudadanía uruguaya los llamados partidos tradicionales con un «acalambrante» y desacostumbrado regreso al llano, en el que no sólo perderán el poder, sino también todos los ornamentos del mismo, y hasta las desviaciones que les han representado detentarlo por decenas y decenas de años.

Entre ellas ese sentido de impunidad que demuestra cómo el poder absoluto en la administración ha fagocitado a esos partidos, Nacional y Colorado, que lo detentaron.

Es difícil de imaginar el significado que tendrá para esos conglomerados partidarios tradicionales que de un día para otro pierdan miles de cargos de «confianza», los que pasarán a funcionarios de otro signo político, que llegarán al Estado con una evidente decisión moralizadora.

Será una administración distinta, novedosa en sus objetivos, sin el desgaste que tiene la actual, enviciada por decenas de años de privilegios explícitos e implícitos, que ha logrado fagocitar a los partidos que la sustentaban.

Gente nueva que llegará a trabajar, no ha seducir. Los recambios en democracia son moneda corriente en muchos países en los cuales el sistema funciona. Sin embargo en Uruguay, blancos y colorados desde el poder «asaltaron» a la administración, utilizándola para su beneficio, a través de un desaforado clientelismo. ¿Se han producido hechos de corrupción en estos decenios? Obviamente que sí, de corrupción lisa y llana y corruptelas menores, de todo tipo, que serán investigadas, según lo afirmó el candidato del EP-FA-NM, doctor Tabaré Vázquez. Anuncio que preocupa a algunos dirigentes de los partidos en retirada, pues algunos hechos no resistirán el más mínimo análisis.

Una administración que, obviamente, intentará ser refundada y en la cual los corporativismos, de distinto tipo, tendrán que ser combatidos. Porque ellos, prohijados por los propios administradores, se convirtieron en elementos de presión que distorsionan al Estado, multiplicando privilegios y pobrezas, a hijos y entenados, determinando la existencia de cotos en donde las «tajadas» poco tienen que ver con la justicia distributiva que debe existir en una sociedad democrática.

Los nuevos administradores –sin duda– no le van a gustar a nadie, porque serán objetivamente indeseables para los privilegiados de la administración y mal recibidos en todas partes. Pero, habría que profundizar –para seguir utilizando conceptos de otros– sobre la libertad que el propio Estado obtendrá, si se cambian dramáticamente las reglas del juego y se reflotan algunas consignas básicas, como aquella tan cara de «a igual función igual paga», se ponga fin al abuso insoportable de los contratos de obra y, entre muchas otras cosas, se comiencen a derogar los privilengios que afloran a cada paso. Privilegios que se han apoltronado, porque hubo presiones corporativas o, en muchos casos, flagrantes violaciones a las normas administrativas. *

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