Los argumentos del continuismo

Cuando faltan tres semanas escasas para que el pueblo dé su veredicto y consagre al próximo presidente de la República, el sustento doctrinario y toda la batería de argumentos con que cuentan los partidos tradicionales parece haberse agotado y se resume en tres puntos fundamentales:

1) La insistencia –machacona, fatigosa– en la necesidad de un debate televisado entre los dos presidenciables con mayor adhesión ciudadana.

2) El rechazo a los pronósticos electorales de las empresas de opinión.

3) La advertencia de los males, penurias y desgracias de todo tipo que sobrevendrían bajo un gobierno progresista.

Podríamos agregar un cuarto elemento que el Partido Colorado insiste en resaltar: la apelación angustiada a sus adherentes a votar dentro del lema pues esa sería la única manera de asegurar que haya balotaje. Esta actitud del coloradismo viene a resultar el reconocimiento oficial de su estrepitosa caída en las preferencias del electorado. Han resignado su aspiración a obtener el triunfo, reconocen la supremacía de la izquierda y aceptan el lejano tercer lugar a que los ha relegado la ciudadanía. Por ello sus aspiraciones son bien modestas y su meta parece ser la de no perder más bancas de las que ya han perdido.

En cuanto al primer punto, es deplorable que el Partido Nacional concentre sus energías –y sus finanzas– en piezas publicitarias que reclaman un debate por televisión. Sin embargo, esa exigencia se ha convertido en el leit-motiv de su campaña.

La estrategia continuista también parece dirigirse a cuestionar –y en muchos casos a denostar– las encuestas de opinión. Como todas son coincidentes en predecir el triunfo de la izquierda, los afanes de blancos y colorados (y sobre todo de éstos) se centran en descalificar –o al menos desacreditar– a las empresas y a los profesionales que se ocupan de auscultar las preferencias del electorado. Como si con ello pudieran revertir la tendencia ineluctable del cuerpo electoral.

Finalmente, el discurso continuista parece haber hecho suya la alarma sanguinettista respecto de los peligros que acechan a los uruguayos incautos si las fuerzas progresistas conquistan el gobierno.

Si bien hay que reconocer que el doctor Larrañaga ha tomado distancia de los fantasmas y cucos agitados por la derecha colorada, en filas nacionalistas son varios los dirigentes que no vacilan en hacerse eco de las advertencias coloradas.

Según el ex vicepresidente Gonzalo Aguirre, las fuerzas progresistas tienen una «mentalidad política contraria al orden jurídico, que se traduce en modos de acción anárquicos». Y más adelante se pregunta, en caso de ganar la izquierda: «¿Hasta dónde podría llegar su prepotencia? ¿Qué nivel alcanzarían sus desmanes? Tales son los antivalores que prevalecerán o no en nuestro Uruguay según que el Frente, que es mucho más que Vázquez, sus limitaciones y sus contradicciones, triunfe o no el 31 de este mes».

He aquí los argumentos del continuismo. Los únicos que le quedan. *

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