Aparicio y el Che: sin subsidio
Los dos –Aparicio Saravia y el Che Guevara– fueron rebeldes, los dos sintieron en la piel las injusticias, los dos pusieron el pellejo detrás de sus ideas, los dos no pidieron subsidio ni sacaron un seguro por si perdían. Se jugaron y perdieron la vida. Sus familias no cobraron nada. Ni en cuotas, ni con atrasos.
Como ellos en nuestro país hubo mucha gente. No sé de un solo nombre que haya pedido un subsidio para enfrentar la dictadura, ir a la huelga general y resistir once años. No pocos perdieron la vida, miles perdieron su libertad. Muchos más perdieron los trabajos. Otros tantos vieron cortadas para siempre sus carreras profesionales. Nunca se quejaron, incluso no se quejan ahora cuando una mala ley que les permitiría jubilarse no les ha dado respuesta a sus necesidades.
La verdad que no me imagino a Saravia exigiendo a los paisanos que hicieran una colecta para que él pudiera ir a Masoller, ni pidiendo que sus hijos fueran protegidos en caso de que perdieran a su padre. Tampoco veo al Che haciendo un trámite en una ventanilla de algún banco sacando un seguro. «Si lo matan, su familia cobra tanto, pero si lo ponen preso, un poco menos; claro, no cubre las torturas que van desde la picana hasta que los cuelguen de los brazos. No le digo nada lo que es el submarino. ¿Qué seguro prefiere?». Pero, además, le dice el empleado de la casa aseguradora: «Tenemos un subsidio para sostener sus campañas políticas, que se saca rápido si quienes tienen que votarlo se olvidan de la Constitución».
Es que esto de los subsidios y los reaseguros no es nuevo. Los candidatos blancos y colorados, hablo de los candidatos a la Presidencia de la República, siempre tuvieron su seguro por si fracasaban. Todos, además de ser candidatos a la Presidencia, siempre se ubicaron en el primer lugar al Senado por si los votos no les alcanzaban. En cambio Líber Seregni, Juan José Crottogini y Tabaré Vázquez, nunca se jugaron al reaseguro del Senado. Supieron perder y a otra cosa. Incluso Vázquez no cobró el subsidio cuando renunció a la IMM. Y lo eliminó, además.
Son dos actitudes distintas. Dos formas de sentir la política y la vida, creo. Pero todo esto viene a cuento, porque hoy se cumple un nuevo aniversario de la muerte del doctor Ernesto Che Guevara, donde los liberales con subsidio y reaseguros lanzarán sus novelas de terror, sin darse cuenta de que el galeno argentino-cubano fue tan transgresor como el gaucho Aparicio, que andaba a pura lanza tanto en Brasil como en Uruguay.
Hablarán del Che y se olvidarán de Aparicio y de sus revoluciones. No dirán nada de Gavazzo, del fugado Cordero, mucho menos del Goyo Alvarez, de Aparicio Méndez, de los Cristi y los Zubía. De esos no van a decir nada. Pero nada. En cambio agitarán los fantasmas, mientras los muchachos seguirán portando la foto del Che, quizás muchos de ellos sin saber por qué. Pero lo seguirán haciendo, mientras exista la pobreza, la marginación y el estigma social. Mientras existan los promotores del miedo, que en el fondo son promotores de sus propios miedos, limitaciones y miserias. *
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