No es oportuno ni conveniente discutir…
Hace ya algún tiempo que, refiriéndonos a una consecuencia del uso abusivo de la «teoría de los cucos» por parte de la derecha, dijimos, temerariamente, que el FA había pasado a la etapa en que se fabricaba sus propios cucos.
Sobre todo, después de lo que pasó con el Impuesto a la Renta en la anterior elección y las cada vez mayores probabilidades de ser gobierno en ésta.
Y cada vez que aparece un problema sobre la mesa emerge la teoría de los cucos, que se resume en: «Callémonos la boca, que capaz que por hablar, perdemos algún punto del ranking electoral».
Por poner un ejemplo muy gráfico y representativo de los muchos cucos que nos asustan: el caso Viera. Dijo una verdad que se cae a pedazos. Es casi un silogismo.
1- Casi nos cansamos de repetir el principio de que el que tenga más tendrá que aportar más. Y está escrito con letra imborrable en nuestros principios fundacionales inherentes e irrenunciables de justicia social.
2- Determinadas actividades agroexportadoras han mostrado señales claras de despegue de la crisis general del país, y por lo tanto, de que ALGUNOS integrantes de ese selecto extracto, «la están haciendo grosa», por apreciables y explicables motivos coyunturales.
3- Esos, y sólo esos, van a tener que contribuir con más, por (la razón del artillero de) tener más, explicitada suficientemente en 1-.
Pero el miedo a los cucos nos hizo cortarle la lengua a Viera. Para luego en la interna pedirle disculpas, decirle por todos los medios posibles que era cierto lo que había dicho, aunque la verdad resultara aparentemente inoportuna decirla. Y una gran cantidad de la masa frenteamplista, que seguramente ha crecido como si le pusieran levadura y calor al mismo tiempo, se convenció, y lo anda diciendo a voz en cuello, de que Viera se tenía que haber guardado esa expresión, que, aunque cierta, ahora resulta que les resulta inoportuna y electoralmente peligrosa.
Y, tras de esas conductas, ha nacido una concepción derrotista de la victoria. La del cinismo político. No tengo que decir nada de lo que voy a hacer porque puede disgustar al potencial elector o votante, aunque sea cierto y evidente. Porque la cosa es primero ganar y después ver…
Claro que la cosa es primero ganar. Pero no por cualquier camino y de cualquier manera, para empezar a perder al otro día de estar en el gobierno.
Pues con el silencio impuesto viene el desconcierto y la confusión. Porque nadie sabe, a ciencia cierta, a qué se compromete el gobierno progresista en caso de ganar.
Bueno. No es tan así. A pesar de lo que redactó el Congreso en contrario, se ha comprometido en los dichos emitidos dentro del temor a los cucos, a no gravar a los del sector agroexportador.
Se ha comprometido a pagar la deuda externa. Más. A honrarla (Hasta ahora dentro de ese concepto se encontraban la Patria y la madre. Ahora parece que son tres las «honrables»…).
Parece que se ha comprometido a aumentar las remuneraciones de los que están sumergidos.
Pero esto último es sólo una parte de la política salarial. Porque, con escasos recursos que tendremos, no se van a poder hacer milagros. Tales como darle partidas a los sin trabajo y remuneración digna a asalariados y pasivos. Y al mismo tiempo va a ser necesario jugar en la otra punta de la pirámide salarial, que tanto han «desachatado» los neoliberales. Y ya va a haber que ir pensando en una serie de ajustes a las remuneraciones por partida fija. Yo miro cuánto tengo para repartir, y lo divido entre los individuos potenciales beneficiarios. Y con eso mejoro a «los de abajo» acercándolos a los «de arriba». Y una de las formas de hacer esta corrección de «arriba» es la de poner topes (o techos) de remuneración Y la lógica dice que hay que empezar por el Presidente. Y de ahí para abajo, ajustar racionalmente los escalones. Y esta «herramienta» a aplicar sin renuncias ni dilaciones, fue re-creada en el último Congreso del FA. Donde se habló del tema. Pero, lo que no hubo en dicho evento, no fue falta de tiempo para discutir, que en realidad la hubo, sino falta de acuerdo. De la famosa y nunca bien ponderada voluntad política.
Es un tema espinoso, uno de los tantos, en los que no hay acuerdo. Y no debemos asustarnos, ni dramatizar por eso.
Hay compañeros que parece que quieren que siga la «dolce vita» para los sueldos privilegiados. Nada de topes y después, aumentos por porcentaje. Al más rancio estilo neoliberal.
Así al que gana 100 le tocan 10, y al que gana 100.000 le tocan 10.000 (claro que los que resuelven, esos están en la franja de los que ganan más…). Otros compañeros, en cambio, entienden que es necesario poner ese techo que empieza con topear el sueldo del Presidente. Y hacen números, y llegan a la conclusión de que debe bajarse al 50%.
En principio, yo no sé si es esa la cifra, pero me parece lógica. Lo que sé, es que no hay que hacer propuestas caricaturescas, como proponer rebajarle un 10%, para que la cosa siga como está, por el camino de hacer la gimnasia para que parezca que queremos cambiar. O sea el conocido «gatopardismo».
Y como no hay voluntad en el Congreso, pasa para el Plenario.
Y como sigue sin haber voluntad, se pasa a una Comisión. Que como no hay voluntad política, no se reúne. Y así pasan los tiempos. Y cuando ya no queda materialmente más tiempo, y algunos compañeros entienden, con criterio compartible, que es una herramienta importante, que muestra en la realidad la intención de hacer cambios conducentes, y alguien se anima a proponerlo, se le acusa de oportunismo electoralista y otra vez se dice que es inoportuno e inconveniente discutirlo ahora, que será mejor dejarlo para después, cuando seamos gobierno, porque si no, capaz que alguna «camada» de votantes se molesta y perdemos algún punto porcentual… Y por este camino de no decir lo que vamos a hacer realmente, vamos eludiendo la asunción de compromisos claros y serios.
Y entramos en flagrantes contradicciones. Vamos a cumplir el contenido emanado del Congreso, como si fuera la Biblia, pero … ahora comprometámonos lo menos posible, porque puede ser inoportuno e inconveniente, a la hora de hacer funcionar la calculadora electoral.
Y yo me pregunto: después que estén los cargos distribuidos, según los votos obtenidos, ¿van a desaparecer estas diferencias existentes como por arte de magia? ¿Verdad que no? ¿O será peor, por esa reacción inmediata de seguridad que da al candidato electo estar seguramente atornillado a la banca por 5 años? «A mí me eligieron los electores, fui puesto por el Pueblo…». Y los interpreta a su manera…
El fútbol (a mí me gusta llamarle fóbal, como en el barrio), tiene sus reglas de oro. El que sale a jugar con miedo, y en vez de atacar se defiende para que no le hagan goles, termina perdiendo o a lo sumo empatando. Pero casi nunca, ganando.
Terminemos con el miedo a los cucos, porque cuando ni los nenes creen en él, somos nosotros, los «grandotes», los que los seguimos fabricando. *
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