Periodismo parcial y condicionado
Aunque era previsible, nunca se pensó que la campaña electoral llegaría a los niveles de deslealtad, cinismo e hipocresía, con que se está desarrollando.
Porque ahora se comprueba que cualquier planteamiento que realice la columna progresista que lidera el doctor Tabaré Vázquez, es blanco inexorable de tergiversaciones si la maniobra contribuye a dañar la imagen de sus conductores.
Desdichadamente la mayoría de los medios de comunicación se ha hecho cómplice de esta conjura, en un repugnante marco de servilismo y obsecuencia, facilitando que el engaño deforme la realidad de los hechos, con la lógica alteración de la verdad. Y en la ejecución de este deplorable operativo –que desacredita el papel de la prensa en el sistema democrático– visualizamos cómo los periodistas, cumpliendo órdenes superiores, alternan la modalidad del interrogatorio entre el método inquisitivo, que busca poner en apuros al entrevistado, y el complaciente donde la repregunta sumisa jamás lo apremia, todo ello en función del signo ideológico de éste.
Recuérdese que cuando el economista Walter Cancela sugiere la utilización de los fondos de las AFAP para financiar la construcción de viviendas en favor de los sectores más modestos, un fuego graneado se elabora contra la iniciativa, precisamente por quienes al recortar los presupuestos del fondo respectivo, desencadenaron una crisis habitacional sin precedentes. Y si el lector memoriza los reportajes efectuados en torno a este asunto, advertirá que los periodistas no repreguntaron a esos señores sobre los fundamentos de sus críticas, cuando eran ellos quienes habían previsto el uso de los ahorros de las AFAP en proyectos nacionales como planes de viviendas, desarrollo forestal u otros emprendimientos de interés colectivo.
Esa visible omisión periodística de reclamar explicaciones, sobre actitudes contradictorias de la dirigencia política culpable de la devastadora crisis que nos golpea, se ha transformado en un implacable cerrojo, para ocultar las gravísimas incongruencias de quienes pretenden por razones proselitistas, eludir sus responsabilidades. En esa dirección resulta paradojal el cambio de discurso operado sobre la filosofía del impuesto a la renta, por parte precisamente de quienes hace cinco años hicieron un escándalo malicioso sobre sus alcances, o la perversidad de esconder el verdadero monto del déficit fiscal dejado por la Administración Sanguinetti, con el designio de impedir el triunfo del FA-EP en los comicios de 1999.
La «gran» prensa nacional, que ha estado históricamente al servicio del oficialismo y de las clases económicamente dominantes, es diligente en la búsqueda de presuntos errores o desencuentros que puedan producirse en las filas de la oposición, pero jamás se inquieta por conocer las razones que impiden al escribano Stirling o al doctor Larrañaga concretar en la actual Administración sus ambiciosos proyectos sobre creación de empleos, combate a la pobreza, mejoras salariales o incremento en pasividades. Porque un periodista sagaz, cuyo deber ético –como enseña Jorge Gestoso– es sacarle una foto a la realidad y no retocarla, no puede soslayar la obligación de inquirir a los presidenciables, quienes han puesto obstáculos para que esos legítimos emprendimentos no hubiesen prosperado dentro del gobierno de coalición. Ese marco donde el silencio equivale a una mentira por omisión comporta un ultraje a la inteligencia del pueblo, percibir que los representantes de los medios se movilizan en las periferias de los temas o se pierden en disquisiciones inconducentes con el claro propósito de distraer la atención de la opinión pública. Obsérvese que es inadmisible que la despiadada concentración de la tierra nunca haya merecido un estudio responsable por parte del periodismo, cuando datos incontrovertibles nos dicen que 56 grandes propietarios ocupan la misma superficie que 34.000 productores. O que no se interrogue a quienes formaron parte de este régimen que agoniza, acerca de cómo es posible que en un país con 17 millones de hectáreas productivas, un tercio de la población se encuentre atrapada por la pobreza, o que en los últimos cinco años los ingresos de los uruguayos disminuyeron en un 31 por ciento. En definitiva, la libertad de prensa es auténtica, cuando los dueños de los medios amplían democráticamente los horizontes de la información, para que la ciudadanía sin censuras encubiertas, forme su juicio con pleno conocimiento de causa. *
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