Los hermanos sean unidos
Estamos en la recta final. Ya no hay materialmente tiempo para que ambas partes contendoras con chance (con realismo práctico blancos y frentistas) puedan enmendar errores publicitarios electorales que como toda actividad humana, es comprensible, llevados por la pasión del momento y se hubieran producido.
Creo haber sido si no el único, no muchos más librepensadores que hemos defendido el «enfrentamiento» más «pacífico» posible, teniendo en cuenta las posibilidades prometedoras, a mi criterio, de ideas similares en muchos aspectos de ambas colectividades partidarias.
Soy intrínsicamente blanco y por ende nacionalista. Parto por ello de la base de que el Frente comete un error de creer que banderas antiimperialistas en lo internacional como algunas medidas como el Impuesto a la Renta en lo interno por ejemplo, Larrañaga se las «fotocopió».
Son ideas y principios añejadas en decenios y hasta en centuria y media en las «cavas» blancas. También es cierto que en materia de culpas, es imperdonable de viejos Honorables Directorios de no muy lejana data, el haberlas abandonado y olvidado esos principios. Si el Frente aprovechó la ocasión y las esgrimió, están en su derecho. Si hay responsables, es de los «distraídos» que se las dejaron. Lo que sí no se puede admitir es que las ideas, que por otra parte no tienen dueño, se diga que fueron «inventos» de Tabaré o Mujica.
El gaucho con el derecho que da incluso la historia los esgrime sin copiarlos ni emparejarlo más que con los dichos de nuestros ancestros partidarios. Creo además, que a medida que vamos llegando al disco, hay un impulso de brutal ferocidad por agraviarse y buscar para enrostrar los defectos, pecados o escándalos que gracias a Dios, en los hechos no se han dado.
Entiendo que tanto Larrañaga como Tabaré son gente honesta ajenos a cualquier corrupción. Más allá de la imaginación malsana de algún enfermo de odio. Seamos justos, entre blancos y frentistas, sin perjuicio de rivalidades naturales con sabor a «deportivo», no existen esos «enconados» rencores que separan radicalmente. Hasta por razones de poco tiempo, 35 años de creado el Frente, no da para grandes bellaquerías o trastadas que alimenten un relacionamiento agresivo. Sobre todo, que gane quien sea, aún en circunstancias de tener mayorías parlamentarias, sabemos y no «descubrimos la pólvora» por afirmar que en cinco años de gobierno se necesitan mayorías especiales y hasta en las «sencillitas» también, por la regla de todo Parlamento de tener diversidad muy legítima de criterios. El Presidente de turno debe echar mano inevitablemente a gobernabilidades con afinidad nacional. Nunca funcionaron o funcionaron mal las coaliciones anteriores donde no habían esas referencias. Las dirigencias partidarias, al margen de las divisiones ocasionales sentían permanentemente la presión de mandos medios y de la militancia misma, durante esos acuerdos. Y baste hacer memoria, en las convenciones nacionalistas, cuando se rompían esas coaliciones, las explosiones de alegría y festejos, con abrazos emocionados por «sacarse» de encima el compromiso asumido por las jerarquías. Incluyéndome por supuesto. Por eso, en caso de darse hechos similares debe de haber similitudes ideológicas cuidando prolijamente mantener la coherencia de las mismas. Claro, nunca falta algún dirigente o legislador que buscando o queriendo tener protagonismo sacando ventajas «ingeniosas» afirma con presunciones imaginarias cargadas de mala fe sobre beneficios legales o subsidios, que corresponden a todos los legisladores al término de sus mandatos respectivos y no ser reelectos. El subsidio a legisladores que se acusa a Larrañaga de cobrar al renunciar al Senado hasta febrero que cesaría por elección de Presidente o Senador según el caso de perder o ganar.
No hay nada ilegal y el espíritu de esta ley es cubrir la reinserción del legislador que a full tuvo su tiempo legislativo o de gobierno en abandono de sus ocupaciones privadas de sustento familiar y personal. De no ser así, sólo los ricos o poderosos pueden hacer política.
No fue el caso y el espíritu de dudosa ética como lo fue el de la ley famosa de otra época, que se llamó popularmente de «colachatas» o autos «baratos a los legisladores», por ejemplo. Hubo algún «vivo» legislador que se trajo en esos tiempos, hasta cuatro «colachatas», uno por año. ¿Se acuerda, señor senador Michelini?
Pero lo más increíble es lo del senador Nin Novoa. El también cobró el subsidio que al igual que Larrañaga le correspondía, al cesar de la Intendencia de Cerro Largo.
Corríjame si estoy mal informado en la cifra, fue en el orden de los U$S 180.000. ¿Me equivoco? Nada tiene de «raro o retorcido». Corresponde y es justificable.
Conozco mi gente, y sus reacciones. Y me animo a decir que estos «talentosos» legisladores que levantaron esos «cargos» sin estar exentos de similares situaciones, cierran a «cal y canto» en lo personal todo acercamiento futuro.
No me cansaré de predecir que nos vamos a necesitar los unos y los otros. Ambos candidatos son progresistas y honestos. No es poca cosa. Pero además hay un cambio acorde con las líneas nacionalistas latinoindoamericanas y eso es lo que hay que defender. En lugar de perder el tiempo en «ordinarieces» y «guarangadas» ofensivas e improcedentes. *
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