Acerca de los debates
Tal vez por contagio de las prácticas preelectorales estadounidenses, entre las que destaca la realización de debates televisados entre los candidatos a la presidencia, en nuestro país redoblan las voces que reclaman un debate entre los candidatos que se presume habrán de disputar con mayor chance la Presidencia de la República el próximo 31 de octubre.
Se sostiene que sólo de esa forma la ciudadanía podrá tener acceso a las ideas guía y a las propuestas contenidas en cada programa partidario, y podrá evaluar la defensa que cada candidato hace de sus iniciativas, así como la argumentación en contra de las del adversario. Se afirma que un debate ante las cámaras de televisión podría ser esclarecedor para buena parte de la ciudadanía, la cual estaría en condiciones de evaluar a los principales aspirantes a la primera magistratura no sólo por medio de sus propuestas sino, además, por los rasgos de su personalidad.
Nosotros entendemos que el debate está instalado. Y que ese debate no es de ahora sino que viene registrándose en forma permanente entre los diversos actores políticos. La confrontación (y decimos confrontación en su sentido literal de comparación entre dos o más propuestas) es un ejercicio permanente que se desarrolla en varios ámbitos: en el Parlamento, en los discursos de los dirigentes políticos, en sus declaraciones a la prensa, en las entrevistas, es decir en la vida política cotidiana y con independencia de toda campaña electoral. Indudablemente en tiempos preelectorales ese debate, esa confrontación, cobra intensidad; pero la polémica entre los diversos partidos, sectores y agrupaciones es la esencia del quehacer político y está presente no sólo cuando se avecina una elección.
Por otra parte, el electorado, los ciudadanos, ya tienen una idea más o menos formada acerca de cuáles son los programas de los diversos partidos; lo han ido percibiendo a través de los discursos, de las entrevistas en la prensa escrita, radial y televisiva, de los spots publicitarios, etcétera; prueba de ello es el magro porcentaje de indecisos que registran las encuestas.
Siendo así, cabe preguntarse la razón de tanta insistencia en la realización de un debate en televisión que tiene mucho de circo y en el que también pesan factores irracionales –extraideológicos y extraprogramáticos– a la hora de consagrar al vencedor de la competición. *
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