Los ubicuos

Muchas son las veces en que me he asombrado por la capacidad extraordinaria que tienen algunos ciudadanos adherentes, militantes, o dirigentes de los partidos Nacional y Colorado, para desempeñarse con total solvencia en diferentes lugares, desempeñando cargos de dirección en dependencias, ministerios, empresas estatales.

Fulano puede saltar desde una intendencia a la presidencia de un ente autónomo, o desde allí mismo a una embajada, o a la presidencia del Correo, o al ministerio tal o cual. Da lo mismo que sea un escribano en la UTE, como un dentista en el Banco Hipotecario.

Y lo que es mejor aun, es que no bien se sientan en el nuevo sillón correspondiente al nuevo cargo, nos explican a usted y a mí cuáles son los problemas viejos, añejos, antiguos de esa repartición estatal y nos aseguran que ellos los solucionarán durante su gestión.

Resulta asombrosa tal capacidad de ubicuidad, tanta sabiduría para enfrentar los distintos, diversos y complejos asuntos que debe encarar el Estado, desde la solución de graves problemas de administración hasta recursos para encaminar una empresa industrial, comercial y bancaria, o algún asunto de índole internacional que atañe a las relaciones del país con alguno de los otros países de la región o del mundo.

Resulta llamativo, también, que muchas veces esos complejos problemas desembocan en soluciones que implican desguazamientos, privatizaciones, tercerizaciones, cambios de monopolios estatales por monopolios privados; lo que acarrea inevitablemente, la deserción del Estado de alguna de las tareas que le son inherentes.

Usted sabe que abundan los ejemplos. Puede ser la desaparición de Pluna, como la privatización de Antel, o las inversiones de Ancap en Argentina, la liquidación del Correo, los desastres de la Corporación para el Desarrollo, la concesión de la administración de las carteras pesadas de los bancos liquidados, y todas las que usted pueda recordar.

Yo llegué a la conclusión de que debe de haber algunas otras razones para la existencia de esta danza de enroques de los mismos ciudadanos desde un cargo a otro, sin solución de continuidad, practicado permanentemente a lo largo de los años.

En este último período –la segunda mitad del presente año, digamos– existe una especie de fiebre de confirmaciones de contratos de obra, llenado de cargos diplomáticos con personas que no tienen antecedentes en la materia, o nombramientos de altos gerentes en el Nuevo Banco Comercial.

¿Dónde está la clave de este misterio?

Le doy una pista. En el diario «El Observador» de 11 de los corrientes transcribieron una sentencia conminatoria del doctor Lacalle a los dirigentes del ejecutivo Herrerista: «Miren que no va a haber un ente autónomo para consolar al que pierda su banca. Así que el que pierde se va para su casa». Clarito ¿no? *

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