Querellas olímpicas

En la mitología griega (replicada luego por los romanos) los dioses vivían entre disputas, querellas y combates de lo más mundanos. El campo de batalla de estas diferencias divinas era el mundo de los mortales, que siempre pagaban los platos rotos.

Veinte o veinticinco siglos después, los pobres ciudadanos uruguayos sufrimos el mismo destino. Los políticos de los tres partidos tradicionales (Colorado, Nacional, y Frente Amplio), que monopolizan (oligopolizan) el poder, controlan nuestras vidas y dineros. Y discuten entre ellos qué hacer con lo que es nuestro, cuál capricho o qué desvarío prospera, como si los dineros públicos y privados fueran su propiedad personal. Como si fueran los encargados de regir los destinos de los ciudadanos uruguayos.

Esto pasa siempre. Es norma. Todo lo que llega al ciudadano uruguayo (nosotros, pobres mortales contribuyentes), a través de los medios de comunicación, es siempre formas diferentes de meterle la mano en el bolsillo al uruguayo común, discutiendo de qué manera se limitará su derecho, cuál será el nuevo coto para su libertad. Doble castigo: nos sacan la plata, para usarla en nuestra contra.

Vamos al caso del momento. En su flagrante desconocimiento de su calidad de representantes de sus iguales, los dioses gobernantes discuten, hoy, cómo usar los fondos de las AFAP. Ignorando, claro está, que esos fondos no están a disposición de los gobernantes. Los fondos públicos nunca están para el uso discrecional de los gobernantes de turno. Se cobran impuestos para cumplir las funciones esenciales del Estado. Los ciudadanos ceden esos recursos para recibir esos servicios. Y, por tanto, todo gasto de más en el Estado es una violación al derecho de los pobres contribuyentes uruguayos, estampado en nuestra tan olvidada Constitución. Pero el tema que nos ocupa es mucho más grave que el habitual esquilmar a los pobres uruguayos. Porque las AFAP son instituciones privadas, que custodian dineros privados, propiedad individual de los ciudadanos uruguayos que eligieron confiarles sus ahorros previsionales. No están, ni pueden estar, a disposición de los gobernantes, sea cual sea su plan.

El candidato de la izquierda, en línea con su propuesta y su pasado socialistas, sostiene que usará esos fondos para construir viviendas. El resto en pleno se rasga las vestiduras. ¡Cómo tocar los sagrados fondos de la gente!, aúllan a coro el Presidente Jorge Batlle, el candidato oficialista Stirling, y Heber, el jefe de bancada del Herrerismo. Con su habitual desparpajo, pretenden desconocer que, hoy, los fondos de las AFAP están siendo usados por el gobierno, a su antojo.

En la situación actual, y de acuerdo a lo resuelto por el Banco Central, las AFAP están obligadas a invertir en deuda del estado uruguayo. Lo que hoy está sucediendo, y sucedió ayer, y sucederá mañana, es que, nos guste o no, los trabajadores uruguayos tenemos nuestros ahorros en bonos del tesoro uruguayo, y en pesos. Si no estuviéramos obligados a darle nuestra platita al estado, muchos de nosotros habríamos simplemente comprado dólares, y hoy tendríamos algo parecido al doble de lo que tenemos en nuestras cuentas de ahorro previsional.

Para llevar nuestro asombro aún más lejos, este hecho no aparece en la discusión. La izquierda no saca el tema, no retruca lo obvio, no patea esa pelota que le dejan picando en el área chica. Seguramente porque no le conviene. Prefieren, seguramente, que la gente crea que está esa plata para gastar, y que gastarla no está mal. *

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