El fin de un largo y crudo invierno
¡Aiio Silver…stein!, fue el ocurrente comentario de un oyente de Mundo Cañón (1410 AMLIBRE) sobre la presencia del embajador estadounidense en el homenaje a Aparicio Saravia. Imagen que vale más que mil palabras. Un cowboy (salido de un aviso de Marlboro, al decir del amigo Julio Guillot) visitando a gauchos de lanza, poncho y divisa. Patético. El señor embajador no tiene sentido de la oportunidad. Ni del ridículo. Esto me hizo evocar otras imágenes por cierto más dramáticas. Las del crudo invierno de agosto de 2002. Corralito bancario, cierre, fuga de banqueros con la bolsa, intranquilidad, miedo, zozobra.
El cierre de aquellos in-sucesos fue el Parlamento ¿debatiendo? una ley de ¿fortalecimiento? financiero. Encerrado y prisionero de los rumores que corrían y de los helicópteros sobrevolando y ¿previniendo? un ¿inminente estallido? social. El embajador Silverstein adueñándose de la escena (gracias a «los contactos» de Batlle con su amigo Bush) como en una república bananera, hablando en su pésimo castellano, explicando a la población nativa que ¡el avión con el dinero ya había despegado y estaba pronto a arribar! Eso sí que es una imagen. Por cierto, lamentable. El formato elegido fue un clásico del western: la llegada del 7º de Caballería con el cornetín anunciando la victoria de los blancos contra los indios sioux sublevados. Esta vez reconvertidos en negritos saqueadores, que amenazaban la estabilidad insitucional. A propósito: el ex ministro Stirling, hoy devenido candidato revolucionario del centro ¿nunca va a explicar qué se fizo del «pequeño Bin Laden» que había organizado con una sincronizacion asombrosa aquellos saqueos tan «oportunamente» televisados? Digo porque su aparición no llevó tranquilidad a la población, más bien todo lo contrario. Muy centrado que digamos no estuvo.
Leí un excelente trabajo de una estudiante de la Licenciatura de Ciencias de la Comunicacion («2/08/02 ¿Punto Muerto?» Paula Pellegrino) que analiza muy bien aquellos acontecimientos. Llama la atención el poco interés político y académico sobre esos acontecimientos. Han caído en una suerte de amnesia que intenta negar los sufrimientos, pero nos impide sacar conclusiones ciudadanas al respecto. A pesar de que vivimos sus consecuencias hasta hoy. La crisis financiera, el destartale político y el rumor de las «hordas que venían en distintas direcciones saqueando todo a su paso» constituyen un antes y un después en la vida del país. El reciente libro de Claudio Paolillo se inclina a que dicha campaña de rumores tuvo intencionalidad y probablemente fue manipulada por la Inteligencia policial. Sea como resultado de una estrategia de guerra psicológica o sea el producto complejo de una hiperrealidad autoproducida, tuvo efectos precisos. La población atemorizada corrió a encerrarse en sus domicilios y en la soledad de sus casas se dispuso a informarse. «Ver lo que estaba pasando» como bien señala Pellegrino. Prisioneros, solos y con sobredosis de imágenes televisivas, de avisos «oficiales», de incapacidad absoluta para razonar en forma colectiva, para criticar, protestar y decidir. Sin ejercer ciudadanía. Fue un acontecimiento para tener en cuenta en plena campaña electoral y en vistas a los desafíos que tenemos las fuerzas popoulares del cambio
Cultura de las imágenes. Pueden servir para estimular como para obturar el pensamiento. La comunicación ha adoptado el formato de la televisión, y más que nada del clip. Se suceden en forma intermitente, en un flash. Pegan en nuestros sentimientos, apelan a la afectividad y no se pueden recuperar para repensarla. El espectador, el público y en definitiva la ciudadanía, están en desventaja. Bombardeada, capturada. En campaña electoral, sobresaturada. Por supuesto que son mensajes que van destinados a deseos o miedos que todos tenemos y allí es donde se enganchan y generan conductas. No hay mecanismos legales ni recursos imaginativos, ni voluntad política para que el ciudadano pueda responder, controlar, precisamente «comunicarse». Interactuar. Es un desafío para un nuevo tipo de democracia. Hace al derecho a la información que está consagrado en la legislación, pero debe ser ejercido, defendido y activado por el Estado y por nosotros.
El doctor Larrañaga dedujo que la creación de un ministerio de comunicaciones es «para amordazar a la prensa». ¡Vamos! Eso es otra imagen destinada a hacer blanco en los propietarios de medios. Porque ahora existe una Dirección que se encarga de eso. Sólo que está en la órbita, nada menos, que del Ministerio de Defensa..
Hay imágenes que se construyen en el imaginario popular a partir de los desaguisados de la derecha. Por ejemplo, Isaac se ha constituido en el último mohicano del neoliberalismo hard.
El es un chico hard. Frío como un bufoso. Psicopáticamente convencido de su fundamentalismo: la culpa siempre la tienen los otros y sus síntomas son egosintónicos, esto es que él no los padece porque forman parte de su personalidad, ergo los padecemos nosotros. Es relativamente fácil jugar al duro y ser soberbio cuando uno se está yendo. Es como esas invitaciones a pelear cuando uno ya está cerrando la puerta. No vale.
Porque Isaac –te lo digo sinceramente– nadie te da mucha pelota porque te estás yendo. Te aprovechas. La imagen que vendes, Isaac, ya nos dimos cuenta, está destinada a conseguir conchabo en otros lares mejor pagos. Pero cuidado, Isaac, no te pases de rosca (como este acuerdo bilateral de inversiones, que no lo discutió nadie), porque puede ocurrir que tu futuro sea más congruente con una prisión que con un fabuloso contrato. Por suerte para esa eventualidad tendrás una chanchita de compañía y buena lectura.
Se van pero dejando tierra arrasada. La derecha sabe que pierde más que una elección. Dos siglos cuya única lógica de existencia fue vivir del Estado. Partidaria y privadamente. No saben lo que es la intemperie. «La vida del país es la vida del Partido Colorado«, fue la imagen ofensiva que se usó para reunir la Convención recientemente. La única que convocaron en ¿cinco? ¿diez? años (no es una casualidad que no reúnan los mecanismos colectivos: tiene que ver con su estatización). No tienen discriminada la línea divisoria entre el Estado y el partido, la función pública y la vida privada. Es peor que creerse dueños del país. Ellos se viven y se piensan como la misma cosa.
Para nosotros es el final de un largo, crudo y frío invierno. Ahora desde el gobierno, pero como siempre desde el movimiento social, vamos a ensanchar y crear más ciudadanía, más democracia y más derechos. Esto es una imagen y mucho más. Un desafío para la práctica y para el pensamiento. Tiene el color y la alegría de la esperanza de tantos y tantas que hemos luchado por varias generaciones y que a la hora de los cambios no olvidaremos ni el invierno, ni los padecimientos. Ni la falta de derechos cuya conquista es la garantía más fuerte del proceso progresista que iniciaremos en la nueva primavera que se inicia el 31 de octubre. *
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