El electorado a favor del cambio

A medida que nos acercamos al 31 de octubre, fecha en la que los ciudadanos uruguayos habremos de elegir al próximo gobierno, las encuestas de opinión siguen sucediéndose, aumentan la frecuencia y muestran, de manera inequívoca, la tendencia del electorado al cambio.

Las cifras proporcionadas por la encuestadora Doxa y publicadas en LA REPUBLICA el domingo pasado son elocuentes: el EP-FA-NM se distancia cada vez más de los partidos tradicionales, superando el cincuenta por ciento, mientras la candidatura de Larrañaga se ubica en poco más del treinta y el coloradismo apenas supera el diez. Parece claro que la ciudadanía ha visualizado en el Partido Colorado al responsable de la crisis.

Pero cuando hablamos de cambio, nos referimos a la propuesta de la única fuerza política que ofrece una real y verdadera alternativa de cambio: las fuerzas progresistas que acompañan la candidatura del doctor Vázquez. Ese cambio que la población reclama no será sólo el recambio del personal gubernamental –lo cual por sí solo constituiría un hecho novedoso–, sino que implicará un cambio en la conducción de los destinos del país, un golpe de timón en el rumbo económico y en el proyecto de país y un cambio sustancial en el orden de prioridades de la lista de los problemas que deberá afrontar el nuevo gobierno.

La oferta del Partido Nacional –por más que se presente como de corte progresista– no es percibida por la población como una opción renovadora y transformadora, aunque el candidato presidencial de esa fuerza política y algunos dirigentes se proclamen «revolucionarios» e intenten desmarcarse del gobierno actual para aparecer como incontaminados de lo que fue la coalición rosada. No tenemos dudas de la honradez del doctor Larrañaga ni de su sinceridad cuando afirma su vocación progresista; no ponemos en tela de juicio sus buenas intenciones ni su auténtica preocupación por los problemas del país.

Pero sí es pertinente señalar el hecho curioso de que su candidatura es apoyada por sectores particularmente conservadores de su propio partido, además de contar en filas de Alianza Nacional con elementos de dudoso perfil progresista y vinculados hasta no hace mucho tiempo con la coalición rosada. Cabe preguntarse –y probablemente muchos ciudadanos dispuestos a votarlo lo estén haciendo– cómo se las ingeniará el doctor Larrañaga para impulsar y llevar a la práctica su programa de gobierno en caso de triunfar en un eventual balotaje. ¿Con qué apoyos habrá de contar teniendo en cuenta que deberá arrastrar el lastre de un compromiso con los grupos neolibarales de su partido además de quedar en deuda con el coloradismo conservador?

Este hecho –los apoyos que seguramente maniatarían a Larrañaga en su hipotético gobierno– debe de estar incidiendo en la intención de voto de la mayoría del electorado, que empieza a visualizar con mayor precisión dónde está el cambio verdadero. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje