Despistes

No caben dudas de que el viejo Marenales metió la pata hasta el caracú. Declarar que en caso de ganar el Encuentro Progresista y no tener mayoría habría que disolver las cámaras es un grueso error político.

Error en un doble sentido, uno, porque sólo podremos ganar si tenemos mayoría parlamentaria. Pero además, porque generan desconcierto en la ciudadanía y facilitan la acción de la derecha para atacar como chacales a las fuerzas progresistas.

Cada uno sabe lo que hace y lo que dice.

Pero resulta transparente que estas declaraciones tanto por la prensa escrita como televisiva han causado un duro daño.

Ahora esta actitud de vestales ofendidas que manifiestan los representantes de los partidos tradicionales, que se rasgan las vestiduras porque estas aseveraciones ofenden las tradiciones democráticas, no se demostraron previamente cuando el senador Carlos Julio Pereyra en «Crónicas Económicas» efectuó declaraciones en el mismo sentido que Marenales, un mes antes.

En el ejemplar Nº 1.161 del 30 de julio próximo pasado, en primera página, margen inferior izquierdo y con la foto de dicho senador aparece:

«Si el F.A. tiene mayoría legislativa, pero no es gobierno, tal vez se pueda disolver el Parlamento». El actual senador y figura destacada del Partido Nacional declaró, según consta en la página 7, ante la eventualidad de que el Encuentro Progresista ganara la primera vuelta y perdiera el balotaje:

«Se puede llegar a otro tipo de solución… de pronto, si se disolviera el Parlamento se puede llegar a otro tipo de solución. Pero estamos suponiendo cosas que no son normales, pero que pueden suceder».

En su momento no quise denunciar estos dichos, aunque los consideré desafortunados y graves, porque no quise centrar la campaña electoral en errores de los adversarios y preferí dedicarme a explicar los contenidos de nuestro programa y plataforma electoral.

Pero ahora, vista la campaña mediática con la acción concentrada de todos los medios de comunicación, cabe preguntarse: si son tan graves las declaraciones de Marenales, ¿por qué callaron ante los dichos del senador Carlos Julio Pereyra, hombre destacado y de primera línea del Partido Nacional?

El senador Jorge Washington Larrañaga, que con voz tan engolada y desafiante se refiere al doctor Vázquez y a nuestra fuerza política, ¿por qué se hizo el chancho rengo y se calló la boca cuando su distinguido correligionario efectuó las desdichadas manifestaciones?

El Partido Colorado, que llevó a la Presidencia de la República al luego dictador Juan María Bordaberry y que ante su convocatoria ante los estrados judiciales, por averiguaciones sobre el asesinato de Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz, su actual ministro de Turismo doctor Pedro Bordaberry, lo defendió no sólo como hijo sino como figura política y atacó al Poder Judicial, acusándolo de prestarse a una operación política, ¿no tiene nada que declarar?

La hipocresía es una de las malas conductas en la vida política y mucho peor es hacer emplazamientos ridículos.

Pero la ciudadanía no se dejará asustar por cucos ni por el terrorismo verbal.

Las declaraciones y la conducta del doctor Tabaré Vázquez son cristalinas en su contenido democrático y en su voluntad de gobernar dentro de los márgenes de la Constitución y la Ley.

Ahora soy yo quien emplaza públicamente a todas las figuras políticas blancas y coloradas que se rasgaron las vestiduras, ante los dichos de Marenales. ¿Qué opinión les merecen las declaraciones del senador Carlos Julio Pereyra, de fecha 30 de julio de 2004 en el semanario Crónicas Económicas?

Cada candidato presidencial se hace responsable de sus actos y de sus palabras; lo otro es juego menor, pirotecnia verbal. *

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