¡Socorro: un modelo anda suelto!

«La administración del Partido Colorado ha logrado revertir los indicadores negativos de la economía uruguaya.» «Problemas como los derivados de la creciente inflación, el desempleo, las importaciones y exportaciones, el endeudamiento interno y externo, no serán más motivo de preocupación de campañas electorales.» «Los demás partidos tendrán que ocuparse de alguna otra cosa que ahora nosotros no sabemos cuál es y dudamos que ellos sepan también.» (Dr. Jorge Batlle, Búsqueda 23.06.1988)

Con estas eufóricas expresiones el oficialismo se refería a los logros alcanzados en el período 1985-1989, y resaltaba la halagüeña situación en que recibiría el país el próximo gobierno electo.

No obstante, la primera medida del Dr. Lacalle, triunfador en las elecciones de noviembre de 1989 fue: ¡un ajuste fiscal!

Antes de completarse el primer mes de gestión y merced a las mayorías parlamentarias alcanzadas por su gobierno de coalición –condicionado previamente a un reparto equitativo de cargos ministeriales y en entes del estado– consigue votar su «Ley de ajuste fiscal, tributario y de aportaciones», a efectos de cubrir la «herencia maldita» legada por el gobierno del Dr. Sanguinetti, «hasta ubicar el déficit fiscal en el 2,5% del PBI» Es así que aumentó el IVA, las aportaciones patronales y personales al BPS, elevó las tasas y creó nuevas franjas del IRP, etc. Y es que, como el propio Presidente Lacalle declararía más tarde, «llegamos a la casa y estaba prendida fuego. En esos momentos uno no puede preocuparse mucho si rompe un jarrón con la manguera. Encontramos un déficit mayor del que creíamos. Tuvimos que salir como bomberos y allí se mojaron los muebles. Pero había que apagar el fuego tributariamente.» (Ambito Financiero, 19.06.1990)

Todo este sacrificio, sin embargo, tuvo su premio. Porque al final de su mandato se anunciaba con bombos y platillos que «quien asuma el gobierno no tendrá necesidad de hacer un nuevo ajuste fiscal. El legado que le vamos a dejar, es la casa en orden, como nos hubiera gustado encontrarla nosotros.» (Ec. Javier de Haedo, Búsqueda 6.10.1994)

Aseveración que ratificaba el Dr. Volonté «La casa de Oribe está en orden. Este gobierno blanco, el gobierno de Lacalle, no gobernó para que le vaya bien al Partido Nacional. Se hizo para que le vaya bien al país, y si gana el Partido Colorado recibirá un país mejor.» «Podemos decir que este gobierno le regala al gobierno que viene, la posibilidad de que no va a tener que acudir a un ajuste fiscal.» (Campaña electoral. Discurso en San Carlos, noviembre de 1994)

Pero, al que no quiere sopa, ¡dos platos!

A escasos sesenta días de haber asumido la Presidencia del país, el gobierno de coalición del Dr. Sanguinetti vota en el Parlamento su «Ley de Ordenamiento y Mejora de la Competitividad», conocida familiarmente como el paquetazo fiscal, por la que se procuraba «abatir el déficit fiscal de U$S 436 millones heredados de la anterior administración», como consecuencia del «carnaval electoral del año 1994.»

«Toda la producción del país fue sacrificada en el altar de alcanzar el equilibrio fiscal. Y ese equilibrio fiscal lo hemos terminado perdiendo en el año electoral, en el cual se han volcado grandes masas financieras para tratar de ganar la elección. (Julio Ma. Sanguinetti, El Observador, 17.10.1994).

Y por ello, el nuevo gobierno volvió a aumentar el IRP, el IVA, el Imesi y restringió inversiones y gastos, en un ajuste fiscal votado «transitoriamente» que sin embargo seguía vigente al final del mandato.

Por suerte, «el Uruguay no necesita ajuste fiscal y no lo necesita porque el año que viene va a crecer», sostenía Jorge Batlle durante la campaña electoral de 1999. «El único que habla de ajuste fiscal es Vázquez», complementaba, descalificando la preocupación del candidato del EP-FA por el «agujero negro fiscal de más de U$S 600 millones» con que se encontraría el nuevo gobierno a asumir el primero de marzo de 2000. Por su parte el titular del equipo económico del gobierno sostenía con énfasis: «Creemos que en todos estos años alguna credibilidad nos hemos ganado en términos de un manejo prudente de las finanzas públicas. Tenemos la firme convicción que no se requerirán correctivos que impliquen un ajuste fiscal o un aumento de impuestos y el país puede mirar adelante sin sobresaltos.» (Cr. Luis Mosca, El País, 24.11.1999)

Sin embargo, la realidad es tozuda.

Y como no hay dos sin tres…

El «déficit fiscal heredado» que –contra todas las afirmaciones oficiales previas– se ubicó en alrededor de los U$S 800 millones, determinaron un nuevo ajuste de las cuentas fiscales, con la creación y o aumento en las tasas de por lo menos trece impuestos y una política de restricción de la inversión y el gasto públicos.

Y del resto del gobierno del Dr. Batlle, ¿para qué vamos a hablar?

Basta con recordar su afirmación de que «Â¡we are fantastic!», para comprender que lo que quiso significar es que «Â¡we are en la lona!»

Ya estamos nuevamente en tiempo electoral y los cantos de sirena vuelven a atronar el espacio.

El ministro de Economía afirma, según el diario El Observador del día 20 de agosto, que «si el próximo gobierno sigue la misma línea de política económica que el actual no necesitará aplicar ningún ajuste fiscal.»

Más aún, ante las dudas planteadas públicamente por el Dr. Tabaré Vázquez acerca de que el déficit fiscal podría estar ya superando los U$S 1.000 millones, el Cr. Alfie se «manifestó desbordado por lo que considera falsedades propaladas por el candidato izquierdista: No voy a seguir respondiendo tonteras.»

¡Socorro…! *

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