Comicios, expresión de paz

Hoy los uruguayos tenemos otra oportunidad de expresarnos a través del sufragio, una de las máximas determinantes de la democracia, ocasión donde el ciudadano a solas con su conciencia define qué otros ciudadanos serán los que tengan la responsabilidad de gobernar el país.

Claro, este domingo 27 de junio se trata de una jornada en que se inicia un proceso de elección, en que se definirá el peso de cada grupo en las internas de sus colectividades, y sólo en el Partido Nacional, donde existe indefinición de quién será su candidato a la presidencia de la República, habrá una determinación más trascendente.

Sin embargo, cada ciudadano no puede perder la oportunidad de dar, a través de su sufragio, su opinión. Apoyando a unos o sancionando a otros, expresando también su sensibilidad en base a la cual las formas y los contenidos de unos candidatos le pueden conformar mucho más que la de los otros.

Estas elecciones «internas» no son obligatorias desde el punto de vista formal, pero sí desde el perfil de la consolidación de nuestra democracia. Recordemos que la ciudadanía uruguaya con este simple expediente de concurrir a sufragar, logró vencer a la propia dictadura militar cuando ésta trataba de perpetuarse a través del plebiscito realizado en 1980. Allí los orientales, más allá de sus diferencias partidarias, estaban unidos en contra de los que habían conculcado las libertades e impuesto el terror.

Sin embargo, cuando se puso en marcha un mecanismo como el voto, en que el ciudadano debe decidir a solas con su conciencia y entera libertad el camino a seguir, todo aquello impuesto a sangre y fuego se derrumbó como un castillo de naipes.

Tocamos este punto no por ser el recuerdo emotivo de una expresión que quedará como un hecho imborrable en la historia de nuestras luchas, sino para intentar que los uruguayos valoremos todos con la misma importancia lo que significa el voto que ni los tiranos se atrevieron a manipular. El voto es la más importante expresión individual que se expresa para el bien colectivo, más allá de que cuando se trata de gobiernos, los ciudadanos nos hayamos volcado a expresiones atractivas que, en definitiva, defraudaron a la mayoría y determinaron que el país desembocara en una crisis inédita.

Pero la democracia tiene un valor supremo. Esos gobiernos que fracasaron o que de alguna manera no fueron capaces de defender los intereses de todos los uruguayos, pueden ser sancionados con la simple expresión que surge de la conciencia individual y que se expresa con el voto. No es necesario para tomar esa decisión ninguna expresión violenta, ni siquiera un tono descomedido. Solamente tomar la credencial, dirigirse al circuito de votación y allí colocar en un sobre una lista. Tan simple y tan maravilloso.

El valor de la democracia radica en que los pueblos pueden realizar los cambios más drásticos, reencauzar la orientación de sus gobernantes, con un arbitrio pacífico y civilizado. La democracia como sistema puede ser perfectible y sabemos que en su nombre se han concretado aberraciones de todo tipo.

Sin embargo, más allá de esas alternativas, cuando los uruguayos estamos en un día de comicios, es bueno saber que tenemos en nuestras manos la posibilidad de modificar las cosas, cambiar los rumbos y sancionar a los equivocados o a los traidores.

Y todo ello, en paz. *

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