Ayuda memoria para Mr. Silverstein

Escrito por: MILTON ROMANI GERNER

Lunes 14 de junio de 2004 | 3:59
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El doctor Martin Silverstein deberá consolar nuevamente a sus hijos. ¿Cómo es posible que en su país se estén investigando las denuncias de tortura que realizaron soldados norteamericanos a prisioneros iraquíes y al mismo tiempo se otorga visa de entrada al capitán de Navío (PN) Juan Eduardo Craigdallie, que ha sido denunciado por varias fuentes como activo torturador de la Prefectura Marítima de nuestro país, que violó prisioneros connacionales, sin estar en guerra declarada, ni ser invasores o “libertadores” de ningún territorio? Escuché y reparé, en los sentimientos republicanos que de alguna manera expresaron los hijos del doctor Silverstein, que llorando, le fueron a pedir explicación a su padre por las noticias que daban las cadenas televisivas, acerca del maltrato de prisioneros.

Le recuerdo al señor embajador que en el año 1977, dos oficiales uruguayos no pudieron asumir sus cargos en la Junta Interamericana de Defensa, porque existía la denuncia (verificada por la CIA) que habían amenazado de muerte, en una fiesta diplomática, al entonces senador Edward Koch. Se trataba del coronel Carlos Font y el teniente coronel José Gavazzo. No entraron a EEUU.

Estos “oficiales” estaban dispuestos a operar (como era su costumbre) contra el responsable de la enmienda que llevaba su nombre y que había interrumpido la ayuda militar a la dictadura. El diario El País llamativamente también cubría la campaña contra el senador. En un repugnante editorial de la época titulado “El bacilo de Koch” decía cosas que justificaban cualquier cosa. También el entonces canciller de la República, el doctor Juan Carlos Blanco, viajaba a EEUU para –fíjese qué casualidad– denunciar la “campaña internacional de la subversión” contra el Uruguay. De la que era parte, obviamente, el susodicho senador y también Edward Kennedy. Era un operativo cívico-militar-editorial.

El doctor Juan Carlos Blanco se especializó en participar, como comando civil, en grupos de tareas combinados para exterminar opositores. Hoy está procesado por su “especialidad” en la confesión de un Memorándum Secreto que selló la suerte de nuestra compañera Elena Quinteros. Pero deberá enfrentar a la justicia argentina y uruguaya, por la participación en el asesinato de Michelini y Gutiérrez Ruiz. Su modus operandi.

Volviendo al capitán de navío Juan Craigdallie. Sería de enorme importancia, en momentos en que EEUU cuida y vigila sus fronteras de todo tipo de amenazas, que el embajador norteamericano solicitara, al menos, la información que manejó la Cancillería argentina para negarle la entrada a la República hermana. Por otra parte, podría ocurrir que cualquier juez norteamericano se declarase competente para actuar en casos de lesa humanidad. De ello ya hay jurisprudencia sentada en el caso Joel Filártiga. Por favor, infórmese y colabore con la vigilancia por los Derehos Humanos que también está en las tradiciones republicanas de su país. *

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