El relacionamiento

Es habitual ver en las pantallas a los señores precandidatos de los partidos de la coalición de gobierno y sus acólitos, realizar planteos acabados de planes de gobierno, prometiendo que los pondrán en práctica desde el mismísimo 1º de marzo del año que viene. El que fue ministro hasta ayer nomás manifiesta su preocupación por la pobreza. El que implantó el impuesto a los sueldos y jubilaciones, asegura que lo eliminará de la faz de la Tierra desde el primer minuto de su presidencia. Mientras que el tercero, el que no faltó a ninguna cita para votar la andanada de impuestos, nos ofrece la alternativa de cambiar la política fiscal y culpa a la oposición por no haber cambiado la política del gobierno.

Todos, además, le recriminan a Tabaré que no sea claro, que no tenga definiciones diáfanas. Y lanzan –desde la profusión de espacios de que disponen en los medios– rumores y seudonoticias, todos cruzados, cuya finalidad es hacerlo dudar a usted; no para que cambie de opinión, no. Simplemente para que dude; porque si usted duda, no se mueve; y si no se mueve, debilita al Frente. ¿Está claro?

Ninguno de ellos nos ha aclarado, hasta el momento, en qué lugar, en cuál órgano partidario, con qué representatividad, mediante qué proceso de discusión y cuánta gente participó en la elaboración de tan puntillosos como confusos planes gubernamentales. Mucho menos, por supuesto, nos dicen qué fuerza tiene esa andanada de propuestas, a quién compromete y quién la acompañará. Porque, no sé si usted recuerda, en noviembre de 1999, previo al balotaje, se descolgaron con un documento de buenos propósitos –preparado en un periquete, diría mi abuelita– con el que justificaron la unión de las cúpulas colorada y blanca detrás de la candidatura del doctor Batlle. Sí señor; sí. Es ese documento que acostumbra a desmenuzar Rodolfo Nin, para demostrar que está impolutamente incumplido en su totalidad.

Por eso, entonces, vayamos a lo nuestro.

Existe una herramienta principal para llevar a buen puerto desde el gobierno nuestros postulados: el relacionamiento. Usted lo sabe, en la experiencia diaria, que cada día se levanta con un propósito bien definido; pero conociendo de antemano que, para que el mismo se convierta en realidad, será necesario que ocurran cosas, muchas cosas y no todas dependen de usted; dado que están vinculadas a la acción de otras personas de su entorno. Y dependerá de la forma que usted se relacione con su entorno, para que sus propósitos cristalicen, se frustren, avancen, o se detengan a mitad del camino.

En el desarrollo diario de la tarea de gobierno ocurre lo mismo. Sólo que es un poco más complicado. Existen allí tres personajes que participan, necesariamente. La sociedad en su conjunto a través de sus expresiones representativas (asociaciones, cámaras, sindicatos), la fuerza política responsable del programa y el gobierno, que debe sintetizar las aspiraciones de la sociedad en su conjunto, en el marco del programa levantado en la instancia de la consulta electoral.

Esa es la manera de hacer realidad la afirmación que tenemos grabada en nuestro caletre, desde la primera vez que la enunció el general Seregni: que la política y la ética vayan de la mano.

Porque de eso se trata. Devolver la confianza de la gente en sus gobernantes; terminar con la sospecha permanente. Porque la sospecha genera descreimiento, egoísmo y el desbande, sobre la base de que cada uno chape lo que pueda.

El relacionamiento tiene una base principal, que es la práctica del diálogo permanente. Un diálogo que debe ser respetuoso y fluido, para que sea provechoso. Que asegure una discusión suficiente antes de tomar una resolución en problemas que, necesariamente serán conflictivos. ¿Por qué? Porque la vida es conflicto. La cuestión es, entonces, saber administrarlos para asegurar el avance de toda la sociedad, en paz y con mucha democracia.

Sabiendo, finalmente, que la decisión corresponderá adoptarla al gobierno.

En ese entendido me permito sugerirle que analice, enfoque, decida y aconseje a su entorno a la hora de elegir.

La realidad no se hace con promesas y jingles; muchas veces, por el contrario, esos elementos sirven para esconderla por un ratito; el que dura la campaña electoral.

Y yo creo que en ese terreno, con poca guita pero con una trayectoria limpia para mostrar, estamos en las mejores condiciones de hablar sin tapujos y sin miedos, con nuestros allegados. Nuestras propias experiencias de vida pueden servir de ejemplo.

Prometo continuar con el asunto. *

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