La impostergable reconstrucción nacional
Cuando en un país como Chile, el fondo previsional de los trabajadores que tienen en su poder las AFJP, así se llaman allá nuestras AFAP, alcanza casi al 60% del PBI, concluimos que el tema ya no es sólo la seguridad social sino además y fundamentalmente la economía toda.
Si nuestras AFAP manejan unos 1.300 millones de dólares, también nos merece, salvando las distancias de tamaño y monto, los mismos comentarios que para Chile.
Por otra parte, si los fondos de nuestras AFAP están invertidos y concentrados en porcentajes bastante superiores al 50% en papeles o títulos públicos, la conclusión es similar: el tema no es sólo seguridad social sino de toda la economía. Y aclaramos: no es tema del dueño de los fondos sino cómo se manejan.
No se puede andar mirando para el costado acerca de la reforma que introdujo la Ley 16.713. Quienes propugnaron la misma dijeron que se iban a generar grandes ahorros fiscales. El fracaso del actual sistema es tal que más bien se podría decir que los ahorros se han originado por la baja de los montos jubilatorios y de las prestaciones de actividad.
Comparado el año 2003 con 2002, la reducción de las pasividades fue del 13,02%. Y las prestaciones de actividad y de salud se redujeron promedialmente en un 17,83% y 15,33% respectivamente.
Mientras tanto por IRP, contradictoriamente, se recaudaron 20 millones de dólares más. El mundo al revés.
No nos puede llamar a sorpresa cuando existen cifras que arrojan casi un 48% de los trabajadores al margen de la seguridad social. Es decir: en negro.
Estamos, y seguiremos estando, ante un Uruguay irreconocible si no se producen cambios profundos en todos los órdenes, lo que no significa que se harán de un día para otro. Pero sí quiere decir que tendrá que haber señales claras hacia la sociedad.
Si la pobreza infantil creció un 70% en cuatro años, ¿qué futuro tendrán? ¿En qué democracia van a creer?
Salvo cambios en profundidad, si hoy nacen pobres, las expectativas de mejora en el futuro son más que discutibles, en una sociedad en la que sólo se ha profundizado la movilidad descendente; esto es: cada vez más pobres e indigentes.
Nada es sorpresa. Se trata del sistema que al sembrar la competitvidad sin límites, recoge muchísimos perdedores: asalariados, jubilados, pequeños empresarios, los de siempre. Y pocos y grandes ganadores: también los de siempre: grandes exportadores nacionales, especuladores en dólares, acreedores extranjeros y el FMI. Lo cual es inmoral.
La reconstrucción es impostergable. Sin ella, todo futuro será angustia, cuando no desgracia. Los mensajes deben ser claros. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad