Final de la interna
Se acaba el partido interno en las colectividades políticas. La más interesante por lo competitiva es la lucha blanca. Si bien, y es positivo, la misma se ha planteado con respeto, no es menos cierto que se enfrentan dos tendencias contrapuestas que reflejan la realidad general nacional de nuestra ciudadanía. La derecha y la izquierda. Y en esa «pulseada» el partido se juega poco menos que la vida. Si bien ambas tendencias se me dirá que son necesarias en todos los partidos políticos del mundo, se dan casos puntuales como en el caso blanco, dicho por politólogos, en que el único sector que recupera votos y crece como la esperanza renovadora progresista, es el de Alianza Nacional. Sola opción de triunfo. Es un fenómeno que se repite en el continente latino indoamericano y del que Uruguay en general y el nacionalismo en particular, no es ajeno. Las derechas en América incluyendo nuestro país, se han caracterizado por sus cipayismos, corrupciones, politiquerías, nepotismos, enriquecimientos inmorales y por ende foráneos a cambio del poder. O sea, los países fueron perdiendo soberanías reales en manos imperiales a cambio de asegurarle a clases políticas corruptas, sus bancas y gobiernos por las riquezas vernáculas respectivas. Por supuesto, hubo movimientos nacionalistas aquí y allá que brotaban aisladamente en defensa de las dignidades nacionales. Lo fueron sin duda el justicialismo peronista, el getulismo y el gulartismo brasileño, el sandinismo, etc. Pero hoy, se ha dado en suerte la coincidencia, cansadas tal vez las patrias de tanta explotación indiscriminada, el florecimiento de movimientos y figuras como la de Chávez, Lula, Kirchner, Marcos y sus indios zapatistas de la selva Lacandona, Ivo Morales, reivindicando las riquezas bolivianas como el gas natural, etc. Uruguay no debe estar de «nunca» a estas realidades revolucionarias continentales y debe integrarse solidariamente a estos nacionalismos. Y el partido Blanco, como nacionalista que fue y que debe ser rescatado como herramienta progresista que supo construir la Patria, debe integrarse a estas corrientes que a lo largo de su historia tantas veces fueron nuestras. Un partido nacionalista no puede jamás, a título de ejemplo, integrarse a una fundación internacional democristiana como de cualquier otro palo. Es ir contra su propio ser institucional. Somos nacionalistas autóctonos. Unicos.
Sin interferencias. De lo contrario, dejamos de serlo. Razón del doctor Perogrullo. Como los ya mencionados líderes latinoindoamericanos que luchan sin desviaciones entreguistas. Recuperar al pueblo sufriente y hambriento por impuestos a los sueldos, por falta de trabajo y oportunidades, por enajenación de las empresas públicas, repartir más las riquezas entre los que tienen menos, y menos o nada entre los poderosos esquilmadores de la patria que tienen de más. ¡Hay Patria pa’todos o no habrá Patria pa’naides! Decía Saravia.
No fue en base a doctores y logreros con que el caudillo ayudó a construir un partido que nos llena de orgullo el sentirnos blancos. Hoy Larrañaga, tan descreído por la dirigencia al inicio de su patriada, se está imponiendo al representar esa fuerza saravista dentro el caos de acomodos, coaliciones y politiquería corruptas del brazo de los colorados de don Frutos.
Oribe con su honradez administrativa y su nacionalismo se quiere poner de nuevo de pie. En el representante de la Heroica de Leandro Gómez es donde hay «dignidad arriba» y podrá haber «regocijo abajo». Los contrarios que sigan aferrados a sus oligarquías banqueras, latifundistas, rancias artistocracias, visitando y arrastrándose por embajadas para recibir miserables «achuras» para seguir «tirando», vendiendo el alma partidaria a fundaciones internacionales y colectividades vinculadas a las fiducias por «treinta monedas». No son dignos de llamarse blancos. ¡Que vuelva a sonar el clarín de Camundá llamando a «redota» a los nacionalistas puros y patriotas como en épocas gloriosas del Aguila del Cordobés! ¡A lanza y bola gaucho sanducero, que hay que salvar al Partido! Si ganasen los «otros» no seremos diferentes a los Batlle, los Sanguinetti, los Millor, los Opertti, etc. ¡A votar por candidatos nacionalistas! Ya nos encontraremos todo, los de «adentro y los de afuera» en el cruce de caminos para reivindicar la Patria como lo están haciendo dignos hermanos nacionalistas americanos! ¡Viva la heroica! *
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