Un voto con memoria

Algunos compañeros son geométricos. No es la intención calificar ni de cuadrados, ni de rectángulos, ni de obtusos. Digo que piensan, obsesionados, en el centro.

Con muchos frenteamplistas que he hablado están tentados a pensar que si nos quedamos quietitos y no hacemos muchas olas, los indecisos vendrán a nosotros. Eso lograría por añadidura no ofrecer flancos de ataque a la derecha. Que incluso el poder financiero, militar, el establishment nos dará «una oportunidad». No tocar ningún tema demasiado polémico. Generalidades. Vaguedades es lo mejor. Algunos dirigentes usan terminología pretendidamente «original». Así han inaugurado un «camino culebrero» o una «vía uruguaya al capitalismo». O los «buenos» modales para no asustar inversores. Vaya.

La cosa es sencilla. Ya tenemos un millón de votos. Basta con labrar la tierra de los indecisos, de aquellos ciudadanos «no cautivos» para que germine la victoria electoral. Pero ya se sabe que esos votos están «en el centro» y que depende de nuestra peculiar habilidad para «no asustarlos», persuadirlos que las cosas van a cambiar, pero no en un sentido muy traumático.

No está dicho así pero parece ser lo que se está haciendo. Me parece lisa y llanamente un error grave. Luego viene la perplejidad ante la variabilidad de las encuestas y empezamos a preguntarnos ¿pero no es que éramos ganadores? Lo que ocurre es que los otros juegan. Es como aquellos que se tiran para atrás a defender un resultado. Lo que ocurre es que acá todavía no hay resultado. Y la derecha no perdona y tiene los medios (muchos, prolíficos, costosos, permanentes) para atacar. No perdonan. Entre otras cosas, porque por ejemplo para los Abdala el futuro son «las ocho horas».

La masa de ciudadanos/as indecisos, sin partido o lisa y llanamente desinteresados de la política, pueden no ser convencibles, ni animados, por un discurso descafeinado, anómico, desfigurado y trasvestido. Los que son del centro, son centristas, no bobos. Puede que se den cuenta y es posible que no gusten de las ingenuas imposturas de una «izquierda» que se maquilla para lo electoral. Para inclinarse al «centro», además, elegirán siempre un «centro» más confiable, más probado.

De esos que se parecen al logotipo de «Conaprole».

Por otra parte el razonamiento es un paralogismo de falsa oposición. Es como decir que para manejar bicicleta no se puede comer chocolate. ¿Qué tiene que ver? Para convencer y contagiar del cambio a los ciudadanos/as es necesario convencer, armar, conmover y emocionar. En primer lugar a los nuestros. Para multiplicar la propuesta. Lo que no contemplan algunos dirigentes es que los galimatías y picardías desarman y desaniman al activo frenteamplista, que ese sí es clave para ganar las elecciones.

Alguien me chicaneó a propósito de la consigna de la Lista 567 «Un voto con memoria». Me decía que hay que hablar del futuro, de los proyectos, no tanto del pasado.

Otro paralogismo. Hay que divulgar con docencia toda la producción de nuestras Unidades Temáticas, divulgar el programa. Pero con la fuerza y el combustible del cambio y de la convocatoria, que es activar la memoria.

Un pronunciamiento electoral es soberano, es para diferenciar proyectos. Es también juzgar conductas y modelos que ya padeció la ciudadanía.

Ya en la época del Virreinato había una institución que era el Juicio de responsabilidad cuando el virrey terminaba su mandato.

Porque producir amnesia, que es lo opuesto a la memoria, es una estrategia política. Para dividirnos, para dominarnos. Olvidar por ejemplo que el señor ministro Isaac Alfie todavía no explicó ni cómo ni por qué (se enoja cuando le preguntan) retiró fondos privados cuando se invocaba al patriotismo para retener fondos bancarios. Tampoco explicó (porque nadie se lo pregunta) por qué se repite su apellido en los Contratos de Obra con que son beneficiados, a dedo, algunos privilegiados.

Un test interesante que me regaló un distinguido compañero (Pirincho):¿Quién fue Cambón? ¿Qué fue lo que hizo? ¿Cuál era el nombre de pila? Usted lector que quiere hacer algo, haga esta pregunta a sus vecinos, amigos, familiares, compañeros de trabajo. Es elocuente en su capacidad de demostrar cómo nos olvidamos de ciertas cosas. Pruebe. Luego haga campaña. Mano a mano. Boca a boca.

Es bueno, positivo, saludable, abreativo, terapéutico, recordar. No por nostálgicos, sino para deconstruir y construir un nuevo camino, un horizonte distinto. Hacer y compartir la memoria, convertir esta campaña política en un baño colectivo de reparación para quien tiene a los hijos en el exterior, para el desocupado, para el que perdió las ilusiones, sea también un camino posible para contagiar entusiasmo. Es una herramienta al alcance de todos y cada uno. *

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