Una prédica implacable y falaz

Por más que no debería asombrarnos, la campaña sistemática contra la izquierda –organizada desde los sectores más conservadores y de la que el diario El País se ha convertido en vocero oficioso– llega a extremos que llaman la atención.

Llama la atención, sobre todo, que figuras de reconocido prestigio intelectual presten, gustosas, su pluma para sumarse al coro de denuestos bajo la batuta del maestro Sanguinetti. No esperábamos –sería demasiado sorprendente– que el doctor Gonzalo Aguirre Ramírez, de ilustre prosapia y de reconocida solvencia intelectual, se incorporara a filas del Encuentro Progresista y adhiriera a la candidatura del doctor Vázquez. Pero sí nos resulta inexplicable que desde sus columnas del matutino de la Plaza de Cagancha se dedique a lanzar virulentos anatemas contra la fuerza política que probablemente será gobierno en 2005.

Su último artículo, aparecido en la edición de ayer de El País, ataca a las fuerzas progresistas y a su candidato, centrando el fuego sobre dos aspectos. En primer lugar, alude a la propuesta progresista de abandonar el modelo neoliberal y sostiene que mal puede abandonarse «una doctrina económica que, como tal, jamás se aplicó –ni de cerca– en nuestro Uruguay» (sic). Entiende el distinguido jurista que el mero hecho de que subsistan algunos monopolios estatales y que los emprendimientos privados deban sortear los obstáculos que suponen diversos trámites burocráticos es suficiente para negar que el país esté embarcado en el neoliberalismo… Parece inevitable preguntarle cómo llamaría él al modelo que abrazó el régimen cívico-militar y que han seguido los últimos gobiernos democráticos, especialmente incluido aquel del cual él fue vicepresidente. Ajustes fiscales, presupuestos de gasto cero, tercerizaciones a la orden del día, concesiones como la del agua de Maldonado, esfuerzos privatizadores, apertura comercial, desregulación laboral, política cambiaria, prevalencia del sector financiero, etcétera, ¿no son acaso las recetas dictadas por el fundamentalismo neoliberal?

Sin embargo, con ser bastante gruesa, esta afirmación del doctor Aguirre se opaca al lado de otra que pone en duda la condición de demócratas de los dirigentes de la izquierda. Vea el lector y juzgue por sí mismo. «¿Pueden garantizar el respeto a la Constitución y a las libertades públicas (…) quienes en el pasado quisieron echar abajo nuestra Carta a sangre y fuego? (…) ¿Pueden asegurar que harán un gobierno democrático quienes en el pasado y hasta en el presente han rendido pleitesía a cuanta tiranía marxista leninista ha existido en el planeta? ¿Podrán, desde el gobierno, conjugar el verbo de la tolerancia quienes siempre se nutrieron en la doctrina dogmática por antonomasia?», se pregunta Aguirre dando por sentado que la respuesta a tales interrogantes será negativa.

Nos llama la atención este exabrupto, digno del mejor terrorismo verbal de la Brigada Palo y Palo, en un hombre ponderado y con la trayectoria del doctor Aguirre.

Y estamos tentados a preguntarle, a nuestra vez, si están en condiciones de combatir la pobreza, de terminar con la desnutrición infantil, de promover empleo, de redistribuir equitativamente la riqueza, quienes han tenido en sus manos –desde hace un buen tiempo– la conducción del país y son por tanto responsables del descalabro que hoy padecemos. ¿O la crisis es responsabilidad del marxismo internacional? *

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