El 27 de junio
Los ciudadanos uruguayos estamos a poco menos de dos semanas de las elecciones internas de los partidos, hito establecido en la última Constitución de la República que, sin duda, sirve de alguna manera para que los candidates que finalmente competirán por la presidencia de la República tengan el mayor respaldo posible de la ciudadanía.
Sin embargo, la buena voluntad de los constitucionalistas no alcanza para que ese respaldo se concrete de la manera prevista porque, en cada uno de los conglomerados políticos, previamente a las «internas» se concretaron acomodamientos, los que determinan que no sea, en definitiva, la ciudadanía la que se exprese en favor o en contra de un candidato, sino que los mismos, por distintas razones a analizar están definidos de antemano.
Ello no quiere decir que si se hubieran confrontado las candidatures en cada sector político los candidates no serían los mismos que competirán en octubre por el sillón presidencial. Simplemente decimos que el consticucionalista al determinar la realización de elecciones internas en los partidos obviamente no tuvo en cuenta las alternatives que podrían plantearse y que determinan que el esfuerzo que hacen muchos para lo que ocurrirá el próximo domingo 27 del corriente, no sea otra cosa que una confrontación que define, de alguna manera, la capacidad de movilización de algunos, la disciplina de sus militantes y adherentes. Recordemos que al no ser obligatorio el voto, muchos ciudadanos desmotivados o poco motivados no concurrirán a las urnas ni definirán sus preferencias.
De los tres conglomerados políticos mayores, en el único que se verifica una competencia real es en el Partido Nacional, donde el ex presidente de la República, Luis Alberto Lacalle, se enfrenta por la candidatura presidencial con el senador Jorge Larrañaga. Obviamente que en ese partido, el número de votantes podría ser proporcionalmente mayor al de los otros sectores en donde la competencia presidencial no existe y, obviamente, lo que ocurrirá el próximo 27, se convertirá en una simple y clara demostraciòn de disciplina partidaria, definiendo el calor y la responsabilidad de la militancia.
Sin embargo, desde estas páginas debemos intentar realizar una reflexión conjunta, para que los lectores y quienes, también ciudadanos de este país escribimos estas líneas, busquemos los contenidos positivos que debe tener esta expresión democrática que se vehiculizará dentro de menos de dos semanas.
Nos parece, en primera instancia, que más allá de la obligatoriedad o no del voto, es deber de todos los ciudadanos apoyar a los sectores políticos de su preferencia, instancia que obviamente le dará un contenido de singular importancia a estas internas. Si los ciudadanos no concurren a sufragar, estaríamos restándole contenido a una instancia establecida en nuestra Constituión y, por consiguiente, mostrando un perfil endeble de nuestra democracia. Las elecciones internas se establecieron para evitar la digitación de los candidatos por parte de sectores en donde la democracia interna deja mucho que desear.
Por supuesto, estamos contestes de que el constitucionalista con el establecimiento de las elecciones internas no resolvió el problema pues, en algunos sectores, en lugar de digitarse el candidato, se lo hace con el precandidato, utilizándose el tradicional mecanismo de cúpulas. Sobre el punto hay algunos ejemplos concretos que todos conocemos.
Sin embargo es el momento, de una forma u otra, de calificar con la utilización del democrático sufragio, esas acciones claramente antidemocráticas de quienes, en base a liderazgos discutibles, hacen y deshacen en los partidos como si fueran sus dueños.
La participación el próximo 27 de junio es una necesidad democrática que, obviamente, mostrará las deficiencies del mecanismo constitucional pero que, de alguna manera, servirá para sancionar a los que han hecho una mala política y, también, apuntalará a quienes han sabido trabajar de la mejor manera posible por el bien de todos. *
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