Una prueba más del poder esclavizante
Cuando en 1989 una abrumadora mayoría votó por una reforma de la Constitución a efectos de que las pasividades fueran ajustadas de acuerdo al Indice Medio de Salarios, había quedado atrás una forma arbitraria de llegar a los ajustes y la voluntad omnipotente de un Poder Ejecutivo que obligaba a los pasivos a recurrir jurídicamente la aplicación de esos ajustes. El Poder Ejecutivo sabía que a la larga perdía siempre, o en el Parlamento o en la Justicia, pero cuando los recursos jurídicos o parlamentarios culminaban, los ajustes recurridos llegaban a los bolsillos de los jubilados o los pensionistas solamente en una pequeña parte de lo pretendido, dado que el tiempo había erosionado el valor del dinero como consecuencia de la constante inflación.
La discusión de las organizaciones sociales giró sobre la forma de lograr acompasar las pasividades al salario y se tuvo presente que, en una democracia verdadera, el Uruguay tenía las garantías suscritas en los convenios internacionales para que sus trabajadores pudieran defender su trabajo, su salario y por ende su capacidad adquisitiva. Pero allí mismo el Poder Ejecutivo cambió su estrategia. El gobierno entrante en ese mismo 1989 fue el abanderado de la desregulación laboral, comenzó a pagar salarios en especie, lo que en definitiva termina reduciendo los montos jubilatorios y a eliminar aportes patronales, beneficiando a los empresarios, quitándole recursos al Banco de Previsión Social y sin que tal medida creara un solo puesto de trabajo.
Desde ese gobierno se acabaron los consejos de salarios, mecanismo idóneo para la fijación de una retribución decorosa. La creciente desocupación debilitó a varios sindicatos. Las movilizaciones fueron puntuales y las de mayor importancia se dieron en las empresas públicas, con mayor preponderancia las que defendían los principios estatales y contra las privatizaciones. Fue así que solamente algunos de los gremios con mayor peso en la actividad diaria del sector privado como los bancarios y la salud, mantuvieron, entre otros más pequeños, de menor repercusión en la actividad laboral, la vigencia de algunos convenios en los cuales el tema salarial ya no ocupaba el lugar fundamental de la discusión, siendo postergado por el tema del mantenimiento de las fuentes de trabajo.
Esto no fue en desmedro de la preocupación de la central obrera, pero sí debemos señalar que la situación, impulsada desde los respectivos gobiernos de turno, formaba parte de una estrategia liderada por los organismos financieros internacionales que condicionaban, y aún lo hacen, una política económica cuyos miserables resultados están hoy a la vista. Entre los dos últimos gobiernos lograron una proeza inigualada en la historia del país: duplicar la pobreza en los últimos cinco años.
Pero nuestro señalamiento es referido al valor de las jubilaciones y pensiones. El acompasar las pasividades a los salarios, sin mecanismos que permitan a los trabajadores discutir en una mesa, mano a mano con el patrón, las condiciones de trabajo y salario, digita las condiciones esclavizantes en que hoy trabajan 600.000 uruguayos. Y ello trae de la mano, con el valor del salario esclavo, la inoperancia del plebiscito de 1989.
Seguimos sosteniendo que, bajo una forma de gobierno que respete y haga respetar los Convenios Internacionales suscritos con la Organización Internacional del Trabajo, fundamentalmente los Nos. 151, 87 y 98, trasformados en leyes vigentes en nuestro país, se puede recuperar la vigencia del salario digno y por ende también las pasividades acordes. Pero es necesario hacer funcionar los resortes que tiene la OIT para que el gobierno no se siga burlando de los acuerdos internacionales firmados y que los trabajadores también jueguen.
Desde el 1º y hasta el 14 de junio en Ginebra se reúne la 92ª Conferencia de la Organización Internacional del Trabajo. Estarán presentes, como anualmente lo hacen, delegados del PIT CNT, de las Cámaras empresariales y del gobierno, seguramente su ministro de Trabajo y Seguridad Social. Es una buena oportunidad que tienen los representantes de los trabajadores de señalar por qué entre activos y pasivos batimos el récord mundial de pobreza y la duplicamos en tan poco tiempo, mientras la torta crece para el mismo lado entre los aplausos del poder de entrecasa, del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial. *
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