Camino intransitable
La tormenta política armada por la derecha en torno a las declaraciones del economista Carlos Viera es tan pobre en contenido, como lamentable en sustancia. Pero existen algunos aspectos en que es bueno detenerse para entender de lo que estamos hablando que, sin duda, será una constante durante los próximos meses, en que se buscarán continuamente las cinco patas al gato con el fin de tratar de medrar en aguas turbulentas y permitir –como ha ocurrido en otras oportunidades– que los partidos que representan a los sectores de privilegio eventualmente sigan en el poder.
¿Qué es lo que se está haciendo –en otro aspecto de la estrategia electoral– en todo lo vinculado con las relaciones entre los militares y el Encuentro Progresista Frente Amplio? Nada menos y nada más una estrategia destinada a acentuar las diferencias entre el líder del sector político que, seguramente, obtendrá el triunfo electoral y un sector, como el militar, que es el sustento de la Nación, fiel custodio de la Constitución de la República.
Y ello de la peor manera, tratando de avivar los fuegos del período en que el país sufrió la peor desviación de su historia, en el que algunos civiles y muchos militares agraviaron a los uruguayos, jugando un papel lamentable basado en la Doctrina de la Seguridad Nacional, una especie de cobertura ideológica inventada para aplicar, de manera drástica, el excluyente modelo neoliberal impulsado por el Consenso de Washington.
A varias decenios de aquello la derecha política sigue azuzando, creando falsas solidaridades entre los militares en actividad y quienes, de manera delirante, hicieron pie en aquella doctrina, se ocultaron tras capuchas, agrediendo a la gente, torturándola por tan solo oponerse a la pobreza generalizada que estaban proponiendo quienes conducían la economía.
Lo que hace hoy el ministro Fau y el gobierno, estimando inconveniente un encuentro entre el doctor Tabaré Vázquez y los comandantes de las tres armas, es similar a lo realizado por la derecha política que, con voz engolada y una soberbia que podría guardar para ocasiones más adecuadas, trata de hacer astillas de un árbol caído –el economista Viera–, que pecó de inocencia y cometió el error –más allá de la política económica que llevará adelante el próximo gobierno– de reflexionar en voz alta.
Ello motivó una reacción fulminante, que aparecieran quienes, con un cinismo insólito, armaran todo un escándalo que no tiene ningún asidero, porque es evidente –¿quién puede pensar otra cosa?– que si eventualmente el próximo gobierno es del Encuentro Progresista Frente Amplio, no comenzará aplicando trabas a un sector que crece, con un ritmo que esperemos siga siendo sostenido.
Que Alvaro Diez de Medina, hoy locuaz y mediocre partícipe de tertulias (payadas, para utilizar un término criollo), de un grupo de personas que sólo hacen juegos de palabras, generalmente que ya pasan desapercibidas, diga que en el desayuno de ADM los periodistas presentes buscaron en la exposición de Viera la «mayor tontería», es una afirmación desajustada, destinada a medrar en el escándalo.
¿O acaso Diez de Medina no fue el embajador en EEUU cuando el gobierno de Julio María Sanguinetti, luego de la devaluación brasileña, cometió y expresó hacia los cuatro confines, el mayor disparate de la historia económica del país, que fue afirmar que el Uruguay tenía recursos suficientes para sostener el cambio de la paridad de la moneda que, desde un pique, cerró al mercado norteño a nuestros productos?
¿Cómo reaccionó Diez de Medina en aquella oportunidad? ¿Pidió asesoramiento sobre embutidos, o también cometió la «choricez» de aplaudir lo que hacían Mosca y Davrieux y que aplaudía y justificaba Sanguinetti? Ello determinó que en el país se instalara un proceso recesivo que continuó adelante hasta mediados del año pasado y que fue resuelto, no como resultado de un profundo estudio macroeconómico, sino como una consecuencia, no buscada, de una devaluación de magnitud brutal, decisión que se tomó para contemplar los coletazos que se vivían por la crisis del sistema financiero.
Que alguien, metido en las entrañas del anterior gobierno, responsable de dar el puntapié inicial de la mayor crisis que vivió el país, pontifique sobre algunos temas, es indignante. Y también lo es que otros, sin advertir el mal que le hacen a la democracia, busquen la quinta pata del gato en cualquier cosa que diga o haga el Encuentro Progresista- Frente Amplio.
La democracia a secas, sin adjetivos de ninguna índole, no lo admite. Porque una de las esencias del sistema, que es el que quieren los uruguayos, es que siempre resplandezca la verdad. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad