Por la vuelta del ministro Fernández Ameglio
oces que revelan el pensar del Poder Ejecutivo dicen que el ministro de Salud Pública, Fernández Ameglio, vuelve a su sitial. Necesidad más que perentoria por lo que ha mostrado de sus garras: las nacientes.
Resentido del choque con una realidad poco dispuesta desde el ámbito político cercano hasta el exterior que forma la red pública y privada de la salud, el ministro, circunscrito, circunvalado y circunstancial a algunos, tuvo que tomar reposo. El apremio es mucho para un cuerpo recién estrenado.
Su andar audaz, veloz y sin coartadas tropezó día a día con la malicia o la inercia del sistema. Denunciado en sus prácticas por conmilitones de matices políticos distintivos en el ejercicio de la salud pública, y acosado por las consecuencias de una mala práctica financiera de las privadas, el novel ministro de Salud Pública tuvo que alejarse un poco. Actitud siempre necesaria y saludable cuando el cuerpo que atiende no es muy sano, y el propio es sensible.
Votamos por la salud del ministro. Sus miradas iniciales siempre fueron vastas, y sus propósitos, fuertes. Cambios de direcciones en la esfera oficial y mirada aguda –con intención de corte– de los intestinos del sistema de salud privada.
En verdad, algo para agotar al más pintado.
Hoy nos dicen que vuelve el ministro. Con coraza y lanza renovadas, con el hálito limpio.
Bienvenido, que, por ahora, no visualizamos mejor pinta.
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