Larrañaga entierra la coalición

Los blancos hemos tenido pésimas experiencias en coaliciones. Y las mismas nacieron nonatas por lo espurio de sus concepciones. Hagamos memoria.

Ninguna se hizo por principios o soluciones programáticas sino por cargos y posiciones «consuelo» para dirigentes a la intemperie de la elección correspondiente.

¿Cuáles fueron los planes, principios y soluciones que Sanguinetti contempló del Partido Nacional en su gobierno? Ninguna. Recuérdese que se iba a Casa de gobierno con resoluciones del Honorable y se volvía con lo que se le ocurría a Julio María.

En el caso de la Torre de Antel y su plan Fénix, se desobedeció incluso una resolución de la Convención Nacionalista que discrepaba radicalmente con el «mamotreto y el plancito» en su inversión faraónica.

Vino el segundo gobierno.

No obstante lo sufrido y los profusos antecedentes «exitosos» del talentoso don Jorge, había fundido radio Ariel, el diario Acción, la Lista 15, etc., el nuevo Directorio y sus doctores aconsejaron para salvar la Patria, ¡votar a los colorados y a Batlle! ¡Por fin juntos! ¿Recuerdan? ¡Así nos fue!

En ambos casos lo importante y sustancial fue la lucha por ministerios. Se llegó a «inventar» uno nuevo como fue el de Deporte y juventud. Y se puso al frente un ciudadano político que jamás había jugado ni al «ludo». Ese fue el criterio.

Se dijo para disfrazar el «proscenio» que se presentarían más de 200 proyectos de ley. SIC.

Si se presentaron veinte lo ignoro, lo que sí estoy seguro es de que Batlle no le dio «bolilla» tampoco a ninguno.

Seamos justos entonces, prescindiendo de mis simpatías. Larrañaga estuvo y fue el único en desacuerdo radical con el «estofado» de repartos coalicionados. Y acertó.

Pero no se quedó en esas «pocas». Levanta una nueva bandera propia al decir que ni antes o después del caso de ganar el gobierno, piensa en coaliciones tradicionales con cualquier colorado. Los acuerdos y gobernabilidades se realizarán con el pueblo y no con los dirigentes.

O sea, no habrá un planteamiento «comercial» de posicionamientos políticos en ministerios, entes, embajaditas y afines.

Lo será en cambio, con los ciudadanos de cualquier «pelo» que sean honestos, patriotas y útiles. No se vetarían orientales por ser «zurdos o reaccionarios». Si sirve, es tonto olvidarse de ellos para recurrir a profanos que jamás pisaron los ministerios a los que fueron designados.

Es muy cierto que cada cual tiene como es obvio su «camiseta o corazoncito». El propio senador Gargano lo acaba de declarar que a su gente se le exigirán lealtades. Y es lógico.

Lo mismo al revés. Los blancos designados tendrán que dar cuenta al Honorable y a su Convención respectiva de sus actos ajustados a los principios nacionalistas.

Pero el gobierno nacional debe dar un respaldo programático al cual deben acordar previamente a la aceptación del cargo. En buen romance, un diálogo fluido en el contrato social del gobernante con la ciudadanía. «Â¡Dignidad arriba y regocijo abajo!».

Bueno es decirlo entonces a título de mayor abundancia, que esta actitud y resolución de Larrañaga aventa los «cálculos» que se hacían de futuros acuerdos con los colorados y Julio María.

Yo mismo salí al cruce en respuesta al senador Michelini y otros similares ante la presunción de un acercamiento incluso preelectoral con Sanguinetti y los suyos.

A buen entendedor las palabras sobran. ¡Murió la flor! No habrá coaliciones como se conocen y menos con aquellos, caso Julio María, don Jorge y los suyos, que sólo juegan a «acomodar» a la «clase política».

Si le toca al gaucho de la Heroica ser gobierno, no puedo asegurar por los demás, téngase por seguro que los acuerdos serán con ciudadanos afines ideológicamente y conocimientos de las temáticas a representar. Estoy convencido de que es lo que la ciudadanía pretende. *

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