Vivian Trías y la geopolítica de la liberación: el eje Argentina-Brasil
En base a Spykman, la burguesía norteamericana elabora la Gran Estrategia, superación irreversible del aislacionismo. Ella se fundamenta en el anticomunismo. Las posibilidades de manifestarse son tres: la guerra con los «países socialistas», la revolución colonial y la lucha proletaria en las metrópolis. En tanto que Estados Unidos es el más poderoso baluarte, es la máxima garantía, y el `mundo libre’ debe aceptar su liderazgo y la integración en su torno.
El desarrollo de la Gran Estrategia implica comprender la necesidad de las alianzas, de satelizar a ciertas naciones como herramientas a su servicio, y fundamentalmente, de impedir alianzas peligrosísimas para sus intereses.
1o.) ¿Por qué las alianzas?
«Es imprescindible tener en cuenta que el proceso integracionista está en trámite, es un movimiento, una tendencia que aún está lejos de cubrir toda su curva. La integración orgánica y planetaria del capitalismo es su norte, su meta.
Ello significa que las resistencias de las burguesías nacionales de las otras potencias, o de los sectores más nacionales de las mismas, persisten y siguen ofreciendo batalla. Significa, también, que la Unión debe contar con dichas burguesías, o con algunas de ellas, para realizar su Gran Estrategia.
Lord Frank ha resumido exactamente la situación actual del proceso integracionismo *: «La verdad es que el mundo es demasiado grande y la nación individual demasiado pequeña. Las agrupaciones regionales son un suceso natural».
Esta lúcida comprobación, diagnóstico preciso de la fase por la que transita el proceso integracionista del capitalismo, es la raíz de la palpable tendencia de la potencia integradora a «satelizar» a elegidos miembros de la constelación imperialista.
Esta magna arquitectura internacional que es el Gran Plan, se asemeja a un sistema de satélites mayores y menores que se mueven en función de su más o menos orgánica vinculación con el centro, con el sol del mismo.»
2o.) ¿A quiénes satelizar?
«La selección de una potencia satélite por parte de Estados Unidos está condicionada, actualmente, a supuestos diferentes, a aquellos en que se apoyaban las alianzas del pasado. Ellos son: a) El objetivo final de este tipo de conexiones es la integración final del sistema capitalista en una sola e inmensa unidad […]
Pero ése es un objetivo lejano. Entretanto, y de acuerdo al presente desarrollo de las fuerzas productivas, las naciones capitalistas siguen manteniendo vigencia política, porque aún conservan gran parte de su infraestructura económica incontaminada de la penetración yanqui.
De modo que las contradicciones interimperialistas, sin tener la profundidad y la capacidad determinante de otrora, siguen jugando un papel muy importante y opuesto a la integración. Como Estados Unidos no puede manejar a su antojo todas esas resistencias, debe utilizar a aquellas potencias más integradas a su eje, más mediatizadas por la penetración de sus monopolios, como auxiliares para reducir las oposiciones del conjunto.»
3o.) ¿Qué alianza hay que impedir?
Si en Europa y Asia, el Reino Unido y Japón son escogidos como satélites privilegiados frente a enemigos potenciales, en América hay una situación diferente. EEUU recoge el legado británico del equilibrio de poderes. ¿De qué manera puede aplicar dicha política en relación a América?
«El equilibrio de poderes […] nunca pudo ser sistema viable para el conjunto del Nuevo Mundo.
La razón es simple; es tal la disparidad de poderío entre Estados Unidos y el resto del hemisferio, que no admite equilibrio…
Esto es válido para el total de la zona, pero […] no lo es para América del Sur. […] En este espacio, geopolíticamente concebido, la clave del equilibrio de poderes es la relación que une o rivaliza al Brasil con la Argentina.
Toda posible integración, con signo nacionalista y antiimperialista, capaz de agrupar a las diferentes repúblicas del sur, depende del trazado del eje aglutinante que pueden formar Argentina y Brasil.
Y, a la inversa, la llave para mantener la división, la balkanización de la zona, depende del enfrentamiento Brasil-Argentina».
Según Trías, Spykman entrevió esta situación. En función de la rivalidad entre ellos, se producen otros alineamientos. Así Perú es pro argentino y Chile pro brasileño; mientras que Bolivia, Paraguay y Uruguay son estados amortiguadores. «No es de extrañar, pues, que en la diplomacia imperialista en América del Sur, las relaciones argentino-brasileñas sean un tema de preferente, de primordial preocupación. Se puede decir que sobre ellas descansa toda la estrategia divisionista de las metrópolis y, a la vez, dialécticamente, toda la esperanza integradora y nacionalista de los pueblos.»
El más señalado intento de aproximación histórica se vive en la década del 50 cuando Perón impulsa el «ABC», es decir, el acercamiento con Brasil de Vargas y Chile de Ibáñez, fracasado por la reacción imperialista.
Solo comprendiendo la importancia geopolítica que otorga EEUU a la relación Argentina-Brasil, puede calibrarse la enorme significación que representa el actual eje de nuestros vecinos, bajo los gobiernos de Kirchner y Lula, que cuenta como instrumento directo, el reformulado Mercosur.
El «Consenso de Buenos Aires» (antagónico al de Washington) prioriza el crecimiento al reclamo de los acreedores, la defensa del multilateralismo y la igualdad soberana, la defensa del agua, la lucha contra la pobreza, convertir al Mercosur en un proyecto político, y al Foro Económico-Social en organización oficial del Mercosur, expresión de «la sociedad civil», etc. *
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