EEUU: la derecha fundamentalista en el poder
En las últimas semanas se han publicado en los Estados Unidos dos libros que arrojan luz sobre una realidad sobrecogedora. Ambos refieren al «círculo de poder» instalado en Washington a partir del advenimiento de la administración presidida por George W. Bush.
De acuerdo con un comportamiento muy característico de la sociedad norteamericana, o al menos con algunos estamentos sociales ligados a la intelectualidad y las universidades, ambos títulos se están vendiendo por decenas de miles, generando una conmoción que si bien no alcanza a toda la nación se expresa de manera muy extendida.
El primer opus, elaborado por Ron Suskind, está basado en los relatos y documentos proporcionados por Paul O’Neill que ocupara la Secretaría del Tesoro en el inicio de la administración Bush.
De acuerdo con una reseña firmada por Jorge Camil, publicada en la edición de La Jornada del día de ayer, el testimonio de O’Neill es lapidario: «El lector no tiene duda de que el Poder Ejecutivo lo ejerce un reducido grupo de neoconservadores dirigidos por Dick Cheney, a ciencia y paciencia de un presidente que no sabe ni entiende (y al que probablemente no le interesan) los temas de agenda nacional e internacional.»
Más allá de la descripción del personaje y su séquito, el testimonio del ex secretario del Tesoro apunta a un tema de enorme importancia en el campo para los norteamericanos y también en el plano internacional: O’Neill, (… ) proporciona un dato revelador sobre la invasión de Irak: en la segunda reunión del Consejo de Seguridad, a 10 días de la toma de posesión y siete meses antes del 11 de setiembre, la agenda incluía, para sorpresa de los asistentes, un reporte de la CIA sobre Irak («Política para proceder») y un «Plan político-militar para controlar Irak después de Saddam».
Resulta obvio que a un mes de la toma de posesión, Donald Rumsfeld y Cheney (a quien Rumsfeld llama Guantes de hule, porque jamás deja huella de sus actos) ya habían decidido invadir Irak y no se preguntaban «por qué», sino «cuándo» y «qué tan rápido».
Para O’Neill, todos los temas son controlados directa o indirectamente por un grupo dirigido por Cheney, al que pertenecen Rumsfeld, Rice, Paul Wolfowitz e ideólogos neoconservadores como Karl Rove y Richard Perle.
Ellos son quienes fijan las políticas de la administración y los que a la postre gobiernan. Después de examinar la influencia de Bush padre, en el gobierno actual, Camil sostiene que «no sería extraño que cualquiera de esas opciones fuese resultado de un golpe destinado a reforzar a la derecha fundamentalista».
La segunda obra a la que hacemos referencia es del célebre periodista Bob Woodward, uno de los más enérgicos y activos denunciantes de los escándalos del Watergate (1972) que culminaron espectacularmente con la expulsión de Richard Nixon de la Presidencia de los Estados Unidos en agosto de 1974.
En la presentación de su libro contra la administración de Bush, Plan of attack (Plan de ataque), el periodista Bob Woodward reveló el domingo pasado que al preguntar al presidente si le preocupaba la percepción histórica de su gobierno sobre el tema de Irak, éste extendió los brazos, se encogió de hombros y contestó: «¿la historia ? Para entonces todos habremos muerto…»
Si bien la existencia de este tipo de trabajos y publicaciones da posibilidad al público de conocer en manos de quién están el Estado y los ejércitos más poderosos del mundo, lo que es positivo, resulta alarmante constatar la catadura moral e intelectual de quienes se han apropiado de las palancas de poder más poderosas que ha gestado el ser humano a lo largo de toda su vida en el planeta.
Pronto en aquel país habrá elecciones presidenciales. Es de esperar que estos testimonios contribuyan a alertar al pueblo norteamericano acerca de en manos de quiénes está su destino. *
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