Juego sucio
La batalla electoral que está comenzando a incrementarse ha tomado una aquilatada virulencia en los últimos días como consecuencia de algunas reflexiones realizadas por un economista, que quizás pueden calificarse de «inoportunas». Pero la verdad es que el escándalo que se produjo (¿o armó?) está mostrando cómo se comienza a jugar «sucio» en un ámbito en que, parecería, el Encuentro Progresista Frente Amplio, mantiene el primer lugar.
A nadie le puede sorprender que se utilicen argumentos «agarrados de los pelos», que se tergiversen posiciones, con el único objetivo de intentar que alguna gente cambie el voto, apoyando a los partidos vetustos, fuera de época, que tienen una característica que los uniformiza: la defensa de viejos y dañinos privilegios.
Con estas palabras no estamos tratando de justificar cierta liviandad con que algunos economistas se manejan, confundiendo el ámbito académico, en el cual es posible reflexionar en voz alta, con otras reuniones en las que los participantes de las mismas están vinculados a grupos económicos y que entienden las cosas, no como un análisis teórico, sino como la expresión de una política que, además, presumen como decidida.
Pero lo más clarificante de lo ocurrido está dado por quienes se subieron al carro con el fin de asestar mandobles al Encuentro Progresista, afirmando que está planificando políticas destinadas a trancar el crecimiento de sectores que crecen en la actual coyuntura.
Cuánta mentira sucia y mala intención, más que manifiesta. ¿Cómo alguien puede sostener que el Encuentro Progresista, si es gobierno, trancará el crecimiento? Tal cosa la viene proclamando desde hace un tiempo el doctor Ignacio de Posadas, quien, en una actitud provocativa, busca reacciones en algunos dirigentes de la izquierda con el fin de subirse a las mismas e intentar, como todos sabemos, menoscabar una marcha que, si no hay contratiempos estratégicos, culminará en marzo de 2005, cuando asuma el doctor Tabaré Vázquez la Presidencia de la República.
Claro, De Posadas quizás vea peligrar alguna de sus actividades, por ejemplo, ante la posibilidad de que se investiguen algunas Safis creadas desde su estudio, y se determine la inconveniencia que tienen para el país estas empresas que están destinadas, fundamentalmente, a ser utilizadas para negocios de dudosa diafanidad. Por supuesto que no vamos a generalizar en ese concepto, porque seguramente que existen muchas Safis que funcionan lícitamente, realizando actividades perfectamente enmarcadas dentro de la ley. Sin embargo todos sabemos muy bien que muchas de estas sociedades son utilizadas para el lavado de dinero, el depósito de «coimas» pagadas en el exterior, para triangulaciones en tráficos ilícitos, etc. ¿Será preciso redordar lo que ha ocurrido en este país?
Pero volvamos a lo anterior. Es evidente que ante la falta de argumentos los sectores de la derecha tradicional utilizarán en menoscabo de la izquierda, a cada momento, argumentos que se basarán en cualquier cosa, incluso las más sorprendentes. Esa, como es una estrategia en que han creído hacer pie en el pasado (recordemos el tema del Impuesto a la Renta de las personas físicas), insistirán en la misma hasta el cansancio.
Lo que ocurre es que la gente ya los conoce y, de alguna manera, esa estrategia repetida –más allá del escándalo puntual– sólo servirá como hojarasca que apaga el viento, incapaz de provocar el incendio que estos señores buscan.
Declaraciones infelices de dirigentes de la izquierda pueden existir a diario y, por ello hay que tener claro que, más allá de los desaciertos, hay que entender que una cosa son las palabras que, en ocasiones, pueden estar distorsionadas o distorsionarse, y otra, muy distinta, son los hechos. Para ello bástenos recordar lo que ha significado este gobierno, en donde la riqueza se derrumbó –nada menos– en 10 mil millones de dólares. *
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