Una sabia decisión
A poco de asumir, el novel jefe del gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, ha dispuesto el retiro inmediato de las tropas españolas destacadas en Irak en el marco de una alianza con el gobierno de Bush suscrita por su antecesor, el conservador José María Aznar. La orden implicó, al mismo tiempo, la suspensión del envío de un nuevo contingente de efectivos españoles que debían remplazar al que actualmente se halla en tierras iraquíes y que deberá regresar a la brevedad a lares hispanos.
El hecho reviste una importancia capital por cuanto supone el quiebre virtual del eje Washington-Londres-Madrid, deja aislados a sus dos ex socios y los deslegitima ante la comunidad internacional. La medida del nuevo gobierno español puede incluso motivar a la ONU a adoptar otro tipo de medidas y a asumir su papel de árbitro internacional.
Es posible que la decisión de Rodríguez Zapatero haya sorprendido a los observadores en razón de su carácter subitáneo. Ello no significa que la misma haya sido inesperada, por cuanto el actual presidente del gobierno español había anunciado –desde hace más de un año, en marzo de 2003– su propósito de retirar los efectivos españoles que integraban la fuerza de ocupación. Durante la campaña electoral figuró en reiteradas oportunidades el propósito de no involucrar a su país en la aventura bélica desarrollada por Bush; se trató, pues, de una promesa que Rodríguez Zapatero se ocupó de cumplir de inmediato.
No es de recibo, por tanto, lo que desde medios conservadores se afirma: que esta orden de retirar las tropas de Irak fue apresurada y que responde a una debilidad del nuevo gobierno, supuestamente sensible a las presiones y amenazas terroristas. Lo reiteramos –y bueno es tenerlo presente–: nada tuvieron que ver en la decisión de Rodríguez Zapatero los atentados criminales del 11M en Madrid, pues la idea de desvincularse de la coalición con Bush y Blair estuvo presente durante todo el año pasado y fue reiterada en febrero de este año, es decir unos cuantos días antes del crimen de Atocha.
Nuestro enhorabuena a la serenidad y a la firmeza del nuevo gobierno español. Y ojalá esta lección de sensatez y de coraje sea bien aprovechada por otras naciones influyentes y por la ONU. Y que sirva de estímulo para llegar a una solución racional y humana a la devastada Mesopotamia. *
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