A un año de la invasión de Irak

Hace un año se inició la invasión bélica de Irak por parte de las fuerzas anglo americanas con apoyo español. Se esgrimió como principal argumento para justificar esta acción al margen de la Organización de las Naciones Unidas, que había armas de destrucción masiva en ese país.

En ese momento no dudamos en caracterizar esta decisión como ilegal, inmoral e injusta Un año después, seguimos pensando igual. Ilegal, porque su propia génesis era y es contraria al marco del derecho internacional. Violentó la letra y el espíritu de los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas, al utilizar la amenaza de la fuerza primero y la aplicación directa de la fuerza después, en forma unilateral y por fuera del ámbito del Consejo de Seguridad de la organización. Estas acciones erosionaron fuertemente toda la arquitectura de la Naciones Unidas, imperfecta sin duda, pero la única que puede dar respuestas políticas y jurídicas para hacer del planeta un mundo basado en la paz y la seguridad colectiva. Inmoral porque como se sabía en su oportunidad y como luego se constató sin ningún tipo de equívocos, partía de una falsedad: la existencia de armas de destrucción masiva en Irak. La afanosa búsqueda de las mismas evidenció que un país imposibilitado de tener ese tipo de armamentos, efectivamente no los tenía. Injusta porque se invocó al pueblo iraquí como principal beneficiario de esta acción bélica, cuando en realidad ha resultado su principal víctima, tragedia y sufrimiento que como es sabido ocurre en cualquier conflicto armado.

¿Qué balance se puede hacer un año después? Hoy todos los hechos demuestran que la decisión anglo americana ha sido tan profundamente equivocada como absurda y ha derivado en una crisis permanente y sin salida.

El gobierno de Bush Jr ha solicitado la intervención de la organización internacional para que pueda colaborar en la solución de la crisis. Dudar de la sinceridad de dicha petición, vista la incómoda situación electoral del Sr. Bush y atribuirle la intención de una torpe maniobra electoral, es una reacción casi automática. Este Vietnam de arena que un día sí y otro también arroja los cadáveres de los soldados estadounidenses sin hablar de las víctimas civiles, ya tiene su impacto en la carrera por la reelección.

Lo cierto es que la ONU fue seriamente dañada por la política de hechos consumados de esta nueva ola imperial anglo americana. La administración del Presidente Bush ha continuado mostrándose arrogante frente al mundo, en vez de asumir la lógica actitud de responsabilidad y cautela que ameritaría su innegable hegemonía militar, política y económica.

Mantiene en las más duras condiciones a los detenidos de Guantánamo en forma contraria al Derecho Internacional de Protección de los Derechos Humanos, así como del Derecho Internacional Humanitario. Ha desarrollado una activa política para socavar el prestigio y la competencia de la Corte Penal Internacional, a través de la presión y la extorsión a pequeños países, obligándoles a firmar acuerdos de impunidad, en clara contradicción con los fines y propósitos del Estatuto de Roma. Como si fuera poco, se ha aislado en materia de protección del medio ambiente al no ratificar el tratado de Kyoto.

Los Estados Unidos de América que concentraron la mayor muestra de solidaridad y expresión de repudio por los atentados a las torres gemelas en Nueva York el 11 de setiembre, han dilapidado ese enorme capital al asumir una actitud unilateral y arrogante frente al mundo. La expresión de «con nosotros o contra nosotros» es el maniqueísmo más irracional y más inconducente. Los ciudadanos demócratas de todas partes del mundo no podemos más que rechazarlo en forma clara y terminante porque el mundo no es sólo de los estadounidenses, y pese al mal que ha causado la administración Bush, el mundo sigue siendo complejo, cambiante y diverso. La apuesta consiste en optimizar la diversidad de naciones y pueblos, para que los pueblos, naciones y personas, en el marco del derecho, vivan en un planeta en paz.

La obsesión y leit-motiv de la política exterior estadounidense de un mundo seguro para ellos, que justificó apañar ayer a Saddam Hussein y su régimen sanguinario, como luego la invasión, derrocamiento del régimen iraquí y la captura de aquel, han hecho del mundo un lugar terriblemente más inseguro, no sólo para los estadounidenses sino para todos los habitantes del planeta. La condena al terrorismo y la repugnancia a sus actos de violencia no deben dejarnos sin espíritu de análisis ante los hechos.

Hechos paradójicos de la vida política de los pueblos. A Aznar, la arrogancia y la política de terror externo no le dio resultado a la hora de enfrentarse al candidato socialista que exigía una política exterior española de otro tenor. Al Sr. Bush probablemente le sucederá lo mismo frente al contendor demócrata, que con la misma firmeza contra el terrorismo, también exige empleo, oportunidades y el cese de la pérdida de vidas en la acción bélica. La importancia de estos hechos para los uruguayos no es menor. Todo lo contrario. Lamentablemente la diplomacia liderada por el Dr. Opertti hizo un triste e indigno papel tan sólo hace un año. En la reiterada suma de dislates de la política exterior de este gobierno, basta recordar la increíble declaración de la Cancillería uruguaya, hecha entre gallos y medianoche, que responsabilizaba al Consejo de Seguridad por el conflicto en Irak, y al mismo tiempo ¡le pedía que lo solucionara!

Es decir se intentó justificar lo injustificable, basándose en el exitismo cortoplacista de apoyar al poderoso aunque fuese al costo de terminar sepultando una política exterior de estado producto de una larga tradición en el país, sustentada en el consenso de todas las fuerzas políticas.

Por si fuera poco, las decisiones de hace un año aislaron a Uruguay del resto de los países de la región, que tuvieron, muy por el contrario de lo hecho por nuestro país, una actitud digna de destacarse. Bueno es recordar la posición del Presidente Lagos de Chile, que no dudó en jugar cartas de una diplomacia sabia al momento de ubicar adecuadamente los intereses nacionales de su política exterior y la defensa del derecho internacional.

Rescatamos por nuestra parte el sentir y la acción de nuestro pueblo. Tuvo un sinfín de expresiones de determinación por la paz y contra la guerra, en el entendido de que, tanto una como otra, son esenciales a la defensa de nuestra soberanía y destino como Nación.

La paradoja de la política nacional es que otro aliado dilecto del Sr. Bush en el Cono Sur, el Dr. Batlle, ya está en estado catatónico producto del knock-out técnico por su incapacidad, incompetencia e irresponsabilidad en el manejo de los asuntos públicos, entre los que se cuenta su obsecuente e indigno apoyo a la política militarista de su amigo estadounidense. Ya por suerte falta poco para el cambio de gobierno que tendrá como una de sus primeras prioridades darle al Uruguay el lugar en el mundo que se merece. *

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