La sabiduría del pueblo
Escribe Marcelo Jorge Filomeno
Las elecciones municipales confirmaron –en nuestra modesta opinión– la sensatez promedial de un pueblo con vocación democrática, dentro del marco jurídico institucional planteado por la incorrectamente denominada «clase política», es decir, por los dirigentes políticos, que pensaron y convencieron sobre las bondades de las actuales reglas de juego para la expresión civilizada de la soberanía popular. En ese sentido, puede decirse que cada uno tuvo lo suyo. Todos ganadores y todos perdedores.
Como no somos analistas políticos ni técnicos en esta materia –solamente «juntavotos» locales –no tenemos la pretensión de desmenuzar el resultado, como asimismo decimos que nuestras ideas y reflexiones están teñidas por nuestra definición frenteamplista, no obstante lo cual y más allá del subjetivismo en que podamos incurrir tampoco representan una aspiración hacia la crítica y autocrítica que necesariamente nos debemos. Son simplemente, ideas y reflexiones de un militante político impunemente «amordazado» durante el proceso electoral culminado.
Los «neodeterministas» históricos nos quieren convencer –al igual que los neoliberales en lo suyo– que la progresión aritmética de los votos le dará al EP-FA un seguro triunfo en las próximas elecciones nacionales, con o sin balotaje. Calculadora en mano, identifican –igual que los neoliberales– a la gente con sus cifras. Si el triunfalismo de las mismas no llega a corresponderse con la realidad la culpa será en todo caso de la gente –de nosotros– no de sus cálculos. Y, fundamentalmente, de la gente del Interior, ya que Montevideo «revienta» de votos progresistas. De modo que, a aceitar los aparatos en el Interior, a inventar liderazgos locales, a diseminar cantidades de dirigentes nacionales y/o legisladores por todos lados, a agitar todo eso, y a esperar sentados los próximos triunfos, nacional y departamentales.
En el peor de los casos, quizás se pueda inflar un poco más de votos Montevideo y por ahí también llegamos, con una pata de elefante en la capital y otra de mosquito en el resto del país. Tal parecería ser el pensamiento de algunos, al tenor de lo escuchado y leído en estos días.
En relación a lo antedicho, quien esto escribe piensa que las elecciones municipales demostraron, precisamente, el peso relativo de los aparatos –hacia adentro y hacia fuera–, que los liderazgos locales no se inventan, se reconocen, y que, atar la macropolítica y la macroeconomía, expresadas por los dirigentes nacionales, a las propuestas de solución para los problemas locales, en el Interior no da grandes resultados. Aquí los dirigentes que son buenos vecinos y a los que la gente visualiza como capaces de lidiar con el centralismo y por su comunidad son la principal herramienta política, más allá del programa. Y mientras el aparato central del EP-FA no entienda esto no habrá gobiernos departamentales del EP-FA, aún cuando pueda haber algún gobierno departamental con intendente progresista, además de Montevideo. En ese sentido, queremos decir también que, la cultura del balotaje, impuesta finalmente en la mente de la gente, más allá de lo institucional, ha comenzado a operar también dentro del EP-FA, según algunos resultados departamentales.
De modo que, si no se hacen las cosas bien, si no se actúa con transparencia, si no se dejan de lado ambiciones personales, si no se respetan los matices de opinión, si no se defienden los principios, si no se atienden las particularidades locales, si no se escucha a quienes están en contacto cotidiano con la gente, si no se respeta a los adversarios, si no se limita el poder, si no se pone coto a la soberbia, si no se elige a los mejores, si no se plantean las propuestas más concretas, si no…, los cálculos matemáticos para el 2004 y el 2005 pueden se echados por tierra por la sabiduría del pueblo, del pueblo de todos los colores.
(*) Columnista
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