Manuel Cordero y el "Pibe chanfle"
Hace unos años, cuando todo parecía indicar que un pronóstico político realizado por un compañero no se produciría, el autor de la predicción -quien no la daba por perdida- nos contó lo del «Pibe chanfle».
Según el cuento, el «Pibe chanfle» jugando al fútbol tenía una descomunal habilidad para pegarle a la pelota. Le daba de «chanfle», de manera que el efecto que adquiría el tiro de pelota era inatajable. Resumiendo, un tiro libre del citado personaje indefectiblemente terminaba dentro del arco contrario.
Pero en oportunidad de un partido clave y faltando pocos minutos para terminar el encuentro en el que no se había abierto el tanteador, el juez cobra un penal a favor del cuadro del «Pibe chanfle».
Aquel debería ejecutar la pena capital y de esa manera, ganar el partido.
Pero ocurrió lo inesperado. El arquero logró detener el tiro del «Pibe chanfle».
De inmediato todos sus compañeros corrieron a reprocharle por haber realizado un tiro que pudo ser detenido con éxito por el arquero rival. Dicen que el «Pibe chanfle», muy confiado y seguro en el efecto que finalmente tendría su puntapié, les respondió: ¡Esperen que el arquero pique la pelota!
Cuando el conocido torturador Manuel Cordero realizó el 27 de setiembre de 2001 declaraciones al semanario Búsqueda en las que reivindicó la intervención de grupos «irregulares» para combatir el terrorismo porque «es la única manera» de hacerlo, originó que diversas organizaciones de derechos humanos lo denunciaran ante la Justicia penal por apología al delito el 22 de noviembre del 2001. A partir de ello, se inició un largo e inusual proceso judicial, plagado de chicanas que tenían por objetivo evitar que el militar compareciera ante un juzgado.
Un año después, luego de múltiples recursos, quejas, recusaciones contra jueces y fiscales y distintos tratamientos de la denuncia ante un tribunal de apelaciones llevadas a cabo por Cordero y su abogado, el «valiente» militar debe acudir al recurso de internarse en el Hospital Militar para evitar ser conducido por la fuerza ante el juez.
Finalmente, en agosto del 2003 Cordero ensaya su última argucia leguleya: recusar al juez Balcaldi diciendo que había sido su «subalterno» como jefe de Inteligencia militar, ya que era policía y en aquellos años eran las fuerzas conjuntas (militares y policiales) las que combatían la subversión, y ello da origen a que el juez los denuncie por el delito de desacato especialmente agravado.
En la causa en que había sido denunciado por apología al delito por los organismos de derechos humanos, Cordero fue absuelto. La fiscal Dora Domenech entendió que aquellas declaraciones efectuadas en 2001 no constituían delito, y fue archivada.
Es cierto que Cordero logró en 20 meses no declarar ante Balcaldi. Pero finalmente, debió comparecer a una sede judicial y ante los medios de prensa.
Según el cuento del «Pibe chanfle», Cordero, con la ayuda de su abogado, atajó el penal. No se logró su procesamiento por apología al delito.
Pero como en el cuento, hay que esperar que pique la pelota.
Se sabe que el fiscal penal que entiende en la denuncia por desacato pidió el procesamiento de Cordero y de su abogado Alejandro Pfeiff, por el delito de desacato por ofensa y por desobediencia abierta. El fiscal entiende que ambos realizaron todo tipo de «chicanas» por medio de la presentación pertinaz de escritos para no comparecer ante la Justicia. El juez deberá en breve resolver el pedido de procesamiento.
Cordero y su abogado cada vez que fueron citados en la denuncia por apología al delito presentaron un escrito para evadir la orden judicial. En los 20 meses que demoró el citado proceso presentaron 14 escritos con esa intención.
Es cierto que Cordero posiblemente sea procesado por sus dichos y no por sus asesinatos, sus torturas, sus desapariciones. Pero, como dice Mario Benedetti, algo es algo. También es cierto que el «Pibe chanfle» está aún en la cancha. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad