Don Jorge y su inicio
Escribe Leopoldo Amondarain
En los primeros cien días, a todo gobierno, es de estilo que se le conceda el aval de credibilidad para juzgar el posterior equilibrio futuro según los puntos de vista de los diversos criterios políticos.
Don Jorge no es excepción que confirme la regla. Escoba nueva barre bien, reza un viejo adagio. Largó con el tema más urticante como es el de los desaparecidos. Muy hábil, le dio un tono personal y distinto al que le dieron sus antecesores don Julio y el Cuqui.
Un claro y trascendente triunfo obtuvo con la nieta de Gelman sobre su tradicional y «bien amado» rival de siempre, don Julio María, quien llama la atención que hubiese sido «sorprendido», él justamente tan hábil, en tan escaso tiempo de haber dejado el poder. Es de suponer o que los «informantes inteligentes» (llámense servicios o lo que sea…) le jugaron una mala pasada «avivando» a don Jorge y no a él, o su supina soberbia y ambición le hizo despreciar datos reales prefiriendo «quedar bien» con otra gente «pesada», necesaria para una futura vuelta dentro de cinco años, a resolver un problema de alta sensibilidad humana como era el de Gelman. Sea por una u otra razón el «arrumaco» se lo llevó don Jorge. Tanto para él. Posteriormente fracasó con el problema de Simón Riquelo y Sara Méndez. Pero Batlle siguió siendo hábil en su imagen humana al preocuparse por el tema. Los otros no lo hicieron y hasta se puede afirmar que ni habían amagado moverse al respecto. Segundo gol suyo. Pero…, hasta acá llegó mi amor, como dice el refranero popular. Es significativa la seguridad más absoluta que tienen todas las partes involucradas en esos temas en la tranquilidad consiguiente, de que no pasará nada. Visitas «calmatorias» o de parte del Presidente, entrevistas con políticos incluso de la zurda y sorpresivas declaraciones de Seregni, hacen pensar que es un»manto piadoso»de silencio y resignación lo que está buscando don Jorge. El fin de pacificación puede tener su asidero siempre y cuando, lo cual me parece de difícil concreción, los familiares de los desaparecidos acepten resignarse. Es un problema espiritual de cada familia cuya resolución, sea cual fuere, a favor o en contra, es respetable y defendible. Hasta acá, la parte simpática del Presidente, que incluso se ha conquistado cierta aceptación razonable de la izquierda nacional.
Pero el tiempo se le agota. Y no se vislumbran soluciones de fondo que graviten en una situación general económica angustiante de la población en general y de los trabajadores en particular. La falta de circulante, la carencia de fuentes de trabajo, (12% de desocupación, en alza), el cierre permanente de comercios e industrias medianas y chicas, la crisis rural y la carencia total de visualizaciones de futuras soluciones, conducen a un endeudamiento y consiguiente angustiosa pobreza de los estratos sociales más carenciados que son los obreros, peones rurales, empleados públicos y particulares en general que viven de entradas fijas. Pasados estos cien días se puede prejuzgar que la política económica y las presuntas soluciones son las mismas que las de don Julio y Cuqui. La tecnocracia dominante se juega al equilibrio fiscal. No hay inflación y eso es bueno. Lo que no es bueno es que este equilibrio sea a costa de los más necesitados.
Sigue la canilla libre para las multinacionales, los grandes capitales, la banca y las clases dominantes. Por supuesto que se tiene el beneplácito del Fondo Monetario y de los organismos internacionales crediticios. A ninguno de ellos les importa un rábano si los cantegriles, los asentamientos precarios miserables, los rancheríos, algunos de chapa y los más de cartón plast, se siguen incrementando en los suburbios de Montevideo e incluso en ciudades del interior cuyos campos se despueblan.
Es muy importante que los «numeritos» cierren y es menos importante para políticos y tecnócratas que cada vez haya más «gurises» marginados que mendigan en los ómnibus o barrios enteros que están pasando hambre. La delincuencia y su consabida inseguridad pública va de la mano de la miseria. Cuanto más miseria más delincuencia. Cuanto más se ensanchan las diferencias sociales y la necesidad de la gente por comer y subsistir, más se incrementan los delitos. No es la única solución poner más patrulleros y policías en las comisarías para terminar el ministro del Interior y el jefe policial visitando vuelta y media velatorios y saludando a los deudos de policías asesinados por defender la seguridad pública.
Si don Jorge y su gobierno quieren seguridad pública deberá acabar con la crisis económica y la desocupación creando fuentes de trabajo, preferentemente nacionales.
Limitando potestades de los grandes capitales extranjeros y multinacionales que están matando la producción y el comercio nacional. Insisto. No se vislumbran soluciones de fondo. Son las mismas de siempre. Las aspirinas son bastante buenas para la gripe pero no sirven para una enfermedad terminal. Don Jorge, Dios quiera me equivoque, con los suyos está jugado a las aspirinas.
Compartí tu opinión con toda la comunidad