La organización de los vecinos de Canelones
La sociedad uruguaya evidencia, cada día más, una formidable capacidad de autoorganización.
Después de muchos años de dictadura, de siembra desatada del miedo y la desconfianza en las propias fuerzas, progresivamente, la sociedad recompone sus nucleamientos de base, sus asociaciones civiles y barriales, sus clubes y sus centros culturales.
Cada día con más creatividad y más fuerza se procura superar las fuertes tendencias a la disgregación a las que propende la situación económica, la desocupación y precarización del trabajo.
La situación más difícil la sufren las organizaciones de base laboral, diezmadas por el paro, la recesión y la desindustrialización que son inherentes al proyecto neoliberal que hoy se aplica.
Este proceso de reconstrucción aflora de tanto en tanto. Sea bajo la forma de un pronunciamiento cívico, como lo fue el del pasado 7 de diciembre, sea a partir de una reivindicación local como la que a continuación comentaremos.
Por su misma naturaleza, esencialmente «de base», a esta conformación societaria se la suele ignorar desde el sistema político, desde la academia y desde los medios oligopólicos de comunicación, que trabajan por y dan «protagonismo» a la sociedad pulverizada, a la que ellos con eficacia contribuyen a pulverizar.
No obstante esta indiferencia de los estamentos de poder del país oficial, los movimientos sociales, vecinales y barriales siguen su marcha; reivindican, protestan, critican, señalan y hacen cosas.
Un ejemplo notable de los avances en este terreno esencialmente democrático lo constituye el movimiento que se viene desarrollando vigorosamente en la Costa de Oro, donde viven actualmente alrededor de cien mil uruguayos como resultado de un llamativo acontecimiento demográfico.
Como señala un agudo análisis publicado hace unos días por los vecinos: «Esta explosión demográfica no fue acompañada por los diversos gobiernos municipales. Gobiernos que ya por indiferencia, incapacidad, premeditación política, intereses de grupos o revanchismo, llevaron esta región del departamento al colapso ambiental y de servicios públicos elementales, que son frívolamente omitidos. Todo ello ante la cándida pasividad de contribuyentes, que silenciosamente y con grandes sacrificios han honrado el deber de aportar sus tributos».
Después de hacer un exhaustivo análisis sobre la situación de las calles intransitables, el problema del saneamiento, que representa una situación de extrema fragilidad sanitaria y ambiental, con graves riesgos para la salud con posibilidad de pandemias de dengue, diarrea o cólera. Y del alumbrado en el que «somos rehenes de los incumplimientos de la Intendencia Municipal de Canelones con UTE, siendo obligados a pagar cantidades exageradas por un servicio insuficiente, obsoleto y sin respaldo institucional». (…) Los vecinos señalan: «De todas las tasas que se abonan con la Contribución, la única que encuentra justificación por contraprestación, es la de recolección de residuos.
De todo ello entendemos que no escapará al buen criterio y al cabal entendimiento, que estamos ante un atropello a la persona de los vecinos, rayano en la obscenidad.
Como si todo esto fuera poco, se le está sumando al breviario comunal la amenaza y la prepotencia de dos figuras legales: la securitización y el fideicomiso. Por la primera se vendería la cartera de morosos de la Comuna a particulares, los cuales encontrarían las formas de cobrar yendo contra los inmuebles de los deudores. La segunda, hipotecaría la autonomía de la futura administración, ya que entregaría a privados el cobro de tributos delegando en ellos la ejecución de obras sin ningún tipo de control por parte del estado; o sea tendríamos un gobierno municipal decorativo y de manos atadas».
Como se puede apreciar, los temas planteados por los Vecinos de la Ciudad de la Costa son de una enorme importancia. Y la forma como los vecinos la encaran revela una decisión y una madurez que debe señalarse. *
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